La otra acera de las pensiones doradas
“Comerás del fruto de tu trabajo, serás feliz y todo te irá bien” Salmos 128:2
*Aunque los amagos habían sido de diversas índoles, el gobierno no se había atrevido a tanto. El límite político de la cordura fue rebasado y de golpe y porrazo otra vez el Estado juega a aprendiz de cirujano, pero con bisturí oxidado y sin anestesia. Ubiquemos por partes, porque evidentemente aquí no hay un simple ajuste administrativo: hay un choque frontal entre Constitución, finanzas públicas, vidas reales y un caldo de cultivo que podría desbordarse*
*La maquinaria morenista aplicó su ansiada reforma al artículo 127 e introdujo un tope salarial: ninguna pensión financiada con recursos públicos puede exceder el 50% del salario presidencial (alrededor de 70 mil pesos mensuales). En papel suena austero, casi moralizante. En derecho, el asunto se complica: porque le buscaron “tres pies al gato”. Dice la lógica social, “nunca le metas la mano al bolsillo del obrero”*
*Y aquí el punto crítico no es el tope en sí, sino a quién se le aplica, porque entra el verdadero e indeseable protagonista generador de violencia pasiva: ¡El principio de irretroactividad consagrado en el Artículo 14 constitucional! Traducido al lenguaje menos solemne: la ley no puede quitarte lo que ya adquiriste legítimamente bajo reglas anteriores. El análisis obliga a poner los pies en la tierra y observar que hay dos escenarios jurídicos:*
*¿Recuerda Usted la entrega del viernes anterior llamada: ¡Sin Derecho adquirido, no hay pensión! “Metamos el cucharón al fondo de la olla”. Los jubilados del país ya cumplieron todos los requisitos y su pensión fue legalmente otorgada en tiempo y forma. Eso quiere decir que ¡Ese derecho está consolidado! Reducirle un solo peso el monto de su pensión genera una afectación directa, potencialmente inconstitucional. Por lo cual los miles de amparos de los jubilados tienen altas probabilidades de prosperar*
*De nueva cuenta brinca la expectativa de derecho. La jurisprudencia lo dejo establecido: Si aún no se consolidaba la pensión al momento de la reforma: El Estado puede modificar condiciones porque los trabajadores tenían expectativas de derecho, no derecho adquirido, ahí la reforma sí podría aplicarse sin violar la Constitución. El problema es que el discurso oficial mete a todos en el mismo saco, como si un trabajador con 40 años de servicio fuera equivalente a alguien que apenas iba a jubilarse. Eso no puede ser*
*La estrategia de amparos, el reclamo de justicia individual generará caos colectivo. Entendamos: Lo que ocurre en Veracruz no es casualidad: 15 mil amparos individuales no son un capricho, son una señal de colapso institucional. La Corte del acordeón no podrá con el paquete: cada jubilado litigando por su cuenta implica, fragmentación jurídica, sentencias potencialmente contradictorias y una brutal saturación del Poder Judicial*
*En otras palabras: el Estado diseñó una reforma general y la realidad la esta llevando a resolver caso por caso. Una verdadera genialidad burocrática, si el objetivo era complicarlo todo y ahí ni los chamanes ni las limpias y menos el sacrificio de las gallinas negras en las salas de justicia podrán resolver tanto reclamo de los jubilados del país*
*Ahora bien, dimensionemos el asunto, el gobierno tiene un argumento que no es absurdo: pensiones altas generan presión fiscal, el gasto público debe ser sostenible, nadie debería ganar más que la presidente (el mantra político favorito) que deberían acatar todos los morenistas. El problema es que ese argumento pertenece al terreno financiero y político, no al jurídico. Porque el derecho no funciona con discursos de equidad abstracta. Funciona con reglas previas, contratos laborales y seguridad jurídica*
*Por décadas el Estado prometió ciertas condiciones laborales respetando la dignidad de los trabajadores; ahora, aunque se quiera, no se pueden cambiar las reglas del juego cuando ya terminó el partido. Años y años de trabajo incansable de millones de mexicanos que dejaron sus vidas en el diario bregar. Eso es un derecho adquirido pleno y total que no se puede ni se debe cambiar, cuando hay millones y millones que cobran pensiones y nunca trabajaron. Eso no es austeridad, es redefinir el marcador después del silbatazo final*
*Lo peor, el impacto social cual saco de cemento se deja caer sobre los jubilados cuando la ley toca la vejez. Aquí es donde el asunto deja de ser elegante teoría constitucional y se vuelve incómodo porque estamos hablando de personas: de 70 a 75 años, con más de 40 años de servicio, sin margen real para rehacer su vida económica. La obstinación podría prender la mecha del cartucho*
*Reducirles la pensión no es un ajuste técnico, es alterar su proyecto de vida en la etapa más vulnerable. No todos ganan pensiones doradas, pero si todos tienen el derecho adquirido de haber llegado al final de la meta y años después querer arrebatarles la medalla del pecho. El mensaje recibido de parte del Estado es brutalmente simple: “Trabajaste hasta el cansancio, cumpliste las reglas; pero eso ya no importa”*
*Y ese mensaje tiene consecuencias más allá de meterle la mano al bolsillo del jubilado: desconfianza en el Estado, ruptura del pacto laboral, un disuasivo perverso para futuras generaciones ¿Para qué cotizar si las reglas cambian al final? La narrativa oficial suele envolverse en justicia social: “nadie debe ganar más que el presidente”. Suena bien hasta que uno recuerda: Los privilegios que sí sobreviven en otras áreas, los contratos públicos inflados, la corrupción estructural que nunca toca estos recortes*
*Entonces el ajuste cae donde siempre cae y el cinturón aprieta un poco más donde siempre ha apretado: en nuestros ancianos que ya no tienen capacidad de defenderse físicamente, quizás llenos de miedo, un poco políticamente. Porque recortar pensiones a jubilados hasta ahora no ha generado bloqueos carreteros masivos. Ha generado amparos silenciosos ¿Qué sigue? Este conflicto no se va a resolver en el discurso político, sino en tribunales*
*Lo más probable e inevitable: una oleada de amparos concedidos en casos de derechos adquiridos. El expectante riesgo: Criterios judiciales que delimiten el alcance de la reforma en manos de una corte iletrada y discapacitada al estilo Lenia Batres. Escenarios non santos: un parche jurisprudencial a una mala técnica legislativa. Uf, el clásico ciclo mexicano: legislar rápido, corregir lento*
*La reforma al artículo 127 no es intrínsecamente ilegal. Lo que sí es jurídicamente explosivo es su aplicación indiscriminada. Aquí no se discute si el Estado debe gastar menos, sino si puede romper lo que ya había prometido. Porque cuando el derecho deja de ser garantía y se convierte en variable política, el problema ya no es la pensión de 70 mil pesos*
*Años y años el Estado incentivó legítimamente a sus trabajadores a cumplir mediante bonos en el salario en todos los niveles, gente que trabajo todos los años hasta llegar a la meta y su derecho adquirido. El problema ahora, es que el ciudadano entiende, con dolorosa claridad, que su contrato con el Estado tiene letra, pero no tiene palabra; es decir, apenas estamos viendo el difícil escenario que pudiera venir: desde la otra acera de las pensiones doradas*
*SEPTIMO SELLO*
*La política en Tenosique tiene esa extraña habilidad de parecer sobremesa familiar, pero con más veneno y menos postre. Lo de ayer no fue un simple jaloneo interno, fue una coreografía bastante conocida: sonrisas al frente, patadas por debajo de la mesa y, de fondo, ese sonido inconfundible del “ya empezó el reparto, pero no para todos”. El famoso “color rojo hormiga” no es otra cosa que la alerta temprana de que alguien tocó intereses sensibles. Y en política local, eso es como pisar un avispero en chanclas*
*SEPTIMA TROMPETA*
*La sacudida en la llamada “casa del Bienestar” no es menor. Cuando un espacio que debería representar estabilidad social termina convertido en zona sísmica, el mensaje es claro: el problema ya no es externo, es interno. Y cuando las grietas aparecen adentro, ni el discurso ni las lonas alcanzan para taparlas. Lo de la señora Lolis Zubieta, más allá de la metáfora pintoresca de esconderse debajo de la mesa, refleja algo más serio: la política de control empieza a fallar cuando el miedo sustituye a la operación. Y el miedo en política es pésimo consejero. Hace reaccionar, pero no construir. Hace contener, pero no sostener*
*El “chancleteo” adelantado tiene otra lectura menos folclórica: los tiempos formales importan cada vez menos. Hoy las campañas ya no arrancan con calendario, arrancan con pleito. Y quien no entiende eso, llega tarde o llega golpeado. Lo interesante no es que haya guerra interna, eso es casi tradición local. Lo interesante es el timing. Si esto apenas es el calentamiento, entonces alguien decidió que la mejor defensa es incendiar el tablero antes de que otros lo hagan. Estrategia arriesgada: el fuego no distingue dueño*
*SEPTIMA COPA*
*Hay “documentos explosivos” que inquietos borbotean y amagan con salir a escena, en política mexicana esa promesa es como los tráileres de película: a veces anuncian un blockbuster, a veces puro humo con presupuesto bajo. Pero cuando el rumor se instala, ya cumplió su función: generar tensión, desordenar al adversario y obligar a todos a jugar a la defensiva con el trasero pegado a la pared*
*Porque cuando la política deja de fingir cordialidad, lo que queda son: intereses chocando, estructuras tensándose y actores tratando de no ser los primeros en caer cuando la mesa deje de aguantar tanto golpe. Y mientras tanto, el ciudadano viendo el espectáculo como siempre, sin boleto, pero pagando la función, seguro la próxima semana regresa el Armagedón a Tenosique. En resumen, Tenosique no está en crisis, está calentando motores en su fase más honesta*
