Crónica: Donde late la verdadera riqueza de Tabasco; Encuentro con el Pueblo
- En el anfiteatro del Parque La Choca se reunieron historias, sueños y el trabajo de miles de tabasqueñas y tabasqueños
Mucho antes de que iniciara el mensaje del Gobernador del Estado, el recinto ya contaba su propia historia. No hacía falta que alguien tomara el micrófono para entender de qué trataría la tarde del pasado jueves 9 de julio. Ahí estaban los jóvenes que creen que su futuro puede construirse sin abandonar su tierra; las jefas de familia que todos los días sostienen a sus hogares; los trabajadores que hicieron una pausa en la jornada para escuchar a su gobernador; las personas adultas mayores que han visto pasar distintas etapas de Tabasco y quienes llegaron desde comunidades lejanas convencidos de que gobernar también significa informar. Todos ocupaban un asiento distinto, pero compartían el mismo lugar en la historia; eran el pueblo del que hablaría el encuentro.

Entre ellos estaba Blanca Flor Oleana Galeana, originaria de Nacajuca. Mientras esperaba el inicio del mensaje de Javier May Rodríguez, hablaba con naturalidad de uno de los proyectos que más expectativas ha despertado para la zona: el Puente Villahermosa 2030. “Tenemos un gobernador cercano al pueblo, a los municipios; camina junto a la gente y sus proyectos son para bien”, decía. No hablaba solamente de una obra. Hablaba de la posibilidad de acercar comunidades, de reducir distancias y de seguir viendo a un gobierno presente en el territorio.
Cuando el mandatario tomó la palabra, el ambiente cambió. Los aplausos dieron paso a un mensaje que eligió comenzar donde pocas veces: en las personas. Antes que las cifras aparecieron las mujeres que emprenden, las juventudes que buscan oportunidades para quedarse en Tabasco, las y los trabajadores que todos los días levantan al estado con su esfuerzo, las personas productoras que mantienen vivo el campo y quienes encuentran en los ríos y lagunas el sustento de sus familias. Fue entonces cuando la frase que terminaría recorriendo todo el encuentro encontró eco entre el público: la verdadera riqueza de Tabasco es su pueblo.

En una de las filas escuchaba con atención Jaqueline Méndez Iduarte, vecina de la zona conurbada de Bosques de Saloya. Mientras el gobernador hablaba de infraestructura y desarrollo, ella imaginaba un trayecto más corto hacia su hogar. Para quienes viven en esa parte de Nacajuca, explicó después, el Puente Villahermosa 2030 representa mucho más que concreto y acero: significa mejor movilidad, mejores servicios y una respuesta al crecimiento que ha tenido la zona. Pero hubo otra idea que le llamó aún más la atención. “Es la primera vez que veo a un gobernador ir a las comunidades con sus secretarios para escuchar a la gente”, comentó.
A medida que avanzaba el discurso, las cifras comenzaron a perder protagonismo. Lo importante ya no era el número de acciones, sino las historias que había detrás de ellas. Cada programa encontraba un rostro. Sembrando Vida Tabasco llevaba al campo; Pescando Vida, a las comunidades ribereñas; el Crédito Ganadero a la Palabra, a quienes siguen creyendo en la producción; Tandas para la Mujer, a quienes transforman el ingreso de sus hogares; las oportunidades para las juventudes, a quienes hoy buscan escribir su futuro sin marcharse de Tabasco. El mensaje dejó de sentirse como una relación de obras y programas para convertirse en un recorrido por la vida cotidiana de miles de familias.

En el auditorio también estaba Agustín “Guty” Ruiz, pelotero de los Olmecas de Tabasco. Acostumbrado a medir los partidos entrada por entrada, escuchó otra clase de apuesta: la de invertir en el talento de las nuevas generaciones. Más tarde resumiría esa idea con una frase sencilla: espera que el respaldo al deporte permita que surjan más talentos tabasqueños, no solo en el béisbol, sino en cualquier disciplina. Para él, la riqueza de Tabasco está en “la garra que tiene su gente para lograr sus objetivos”. Era una manera distinta de decir lo mismo que resonaba desde el Anfiteatro del Parque La Choca.
El gobernador habló también de los desafíos que aún enfrenta el estado. La seguridad, el desarrollo económico y las grandes obras aparecieron como tareas que siguen en marcha. No hubo espacio para el triunfalismo; sí para reconocer que todavía queda camino por recorrer. Porque una carretera acerca comunidades, una escuela abre oportunidades, un empleo cambia el destino de una familia y la paz devuelve la tranquilidad a quienes quieren vivir sin miedo.

En la recta final del mensaje comenzó una de las partes más significativas del discurso. El Gobernador recordó aquello que, dijo, va quedando atrás: el abandono del campo, el olvido de las comunidades pesqueras, la falta de oportunidades para las mujeres, las puertas cerradas para las juventudes y la indiferencia hacia las personas adultas mayores. Después de cada ejemplo repetía la misma expresión: “Y ahí estamos”. La frase terminó convirtiéndose en el puente entre el pasado que describía y el compromiso que planteaba hacia el futuro.
Cuando el encuentro estaba por concluir, la reflexión final encontró eco más allá del auditorio. Entre los asistentes, Roberto Carlos Hernández Rodríguez, mejor conocido como Chico Che Chico; para él, mantener informado al pueblo fortalece la confianza, y las Jornadas de Atención representan la oportunidad de que la ciudadanía exprese directamente sus necesidades y de que el gobierno las escuche. Antes de despedirse expresó la esencia de toda la tarde con una frase que parecía prolongar las palabras del gobernador: “La riqueza de Tabasco es su gente trabajadora.”

Las luces comenzaron a apagarse y el recinto empezó a vaciarse. Afuera, las conversaciones ya no giraban únicamente alrededor de obras, programas o proyectos. Hablaban del futuro, de las oportunidades para las nuevas generaciones, del campo, del deporte, de los caminos que acercarán comunidades y de un gobierno que busca mantener el diálogo con el pueblo.
Entonces quedó claro que el mensaje no terminaba en el escenario. Continuaba caminando junto a quienes regresaban a casa. Porque las obras transforman el territorio, pero son las personas quienes le dan sentido. Y mientras haya un pueblo dispuesto a trabajar, a emprender, a sembrar, a enseñar, a competir, a pescar y a soñar, la mayor riqueza de Tabasco seguirá latiendo donde siempre ha estado: en su gente.
