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	<title>Cuento Archives - La Chispa de Tabasco</title>
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	<description>Noticias de Tabasco</description>
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	<title>Cuento Archives - La Chispa de Tabasco</title>
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	<item>
		<title>El fantasma</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/el-fantasma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 03 Oct 2026 20:17:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Víctor Ulín Mira a los lados los locales mientras atraviesa la plaza comercial. Parece interesado en lo que venden. Cada paso es un segundo deletreado. La espalda curva. El pelo cano. Se detiene en el local de los lentes. Entra. Se dirige a los estantes donde están los de sol. Toma uno. Desliza sus&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Víctor Ulín</h6>
<p>Mira a los lados los locales mientras atraviesa la plaza comercial. Parece interesado en lo que venden.</p>
<p>Cada paso es un segundo deletreado.</p>
<p>La espalda curva.</p>
<p>El pelo cano.</p>
<p>Se detiene en el local de los lentes. Entra. Se dirige a los estantes donde están los de sol. Toma uno. Desliza sus dedos sobre el armazón. Sus ojos lo imaginan en su rostro. Suelta una leve sonrisa. Debió acordarse de cuando no tenía que usar los lentes de aumento de ahora o cuando usaba los lentes polarizados de para ver pasar a las bañistas mientras bromeaba con sus amigos.</p>
<p>La joven de ventas le pregunta si le gustaron. La mira. Sostiene la sonrisa y le responde que se los está probando, que revisará otros lentes, que aún no se decide.</p>
<p>La joven toma una prudente distancia desde donde lo observará hasta que se marche sin comprar nada y salir caminando tan lento como entró hace unos minutos al local.</p>
<p>Vuelve al pasillo de la plaza.</p>
<p>Seguirá mirando a los costados. A la gente que pasa a su lado, a los que van más lejos o están cerca, a los que se crucen en su mirada. Ningún rostro conocido.</p>
<p>Llega a la cafetería que está en el fondo de la plaza. Buscará en el café a los amigos que ya no están.</p>
<p>Pasa y se sienta en una mesa de dos sillas. No hay mesas de una silla en ningún lugar.</p>
<p>Pedirá que lo atienda una joven. Es la misma que lo recibe con una sonrisa que espera ver cuando sale de casa donde vive con su esposa, jubilada.</p>
<p>Le pedirá lo de siempre: un café negro. Y un pan.</p>
<p>-¿Cómo has estado? Le pregunta. La respuesta no ha variado desde entonces.</p>
<p>-Muy bien, gracias.</p>
<p>El sonreirá. Durante las dos horas que estará en el café la observará y volverá a recorrer sus labios pintados de glose, sus ojos amielados, su cabello largo.</p>
<p>Sorberá el café casi gota a gota. Como acariciando la textura del café tostado, caliente.</p>
<p>Acariciará la taza blanca cada vez que la tome para sorber y vuelva a posar su mirada en Graciela, la empleada.</p>
<p>A veces le trae regalitos. Ella los acepta. Le da las gracias.</p>
<p>Hoy está un poco más inquieto que de costumbre. Es una idea que le rondaba la mente desde hace unos días.</p>
<p>No se trata de su esposa con la que duerme hace 40 de sus 75 años de edad, y con la que dejó de salir con frecuencia. A veces van a desayunar o a comer. Si en casa platican poco, cuando salen es menos. Cada uno en su celular. Como si ya no tuvieran palabras que pronunciar y solo haya quedado el silencio.</p>
<p>En la tarde, cuando vuelve a su casa de la plaza y de tomarse un café, solo saluda con un gesto y “ya regresé amor”.</p>
<p>Se queda en la sala. Toma el control del televisor y busca el canal de los deportes. Le gusta el fútbol.</p>
<p>Cuando observa su reloj, ya son las nueve de la noche. Ya no cena. Sube a la habitación donde su esposa está durmiendo. Se pone su pijama y pantuflas.</p>
<p>Duerme. De espalda.</p>
<p>En la mañana, cuando baja, lo espera su plato de papaya y sus huevos rancheros, mientras su esposa está comiendo. Sería.</p>
<p>-Buenos días</p>
<p>-Buenos días</p>
<p>-Provecho.</p>
<p>-Gracias</p>
<p>Su esposa termina antes.</p>
<p>-Subiré al cuarto.</p>
<p>-Está bien. Solo iré un rato a la plaza y regreso.</p>
<p>-Está bien.</p>
<p>Termina su desayuno. Sube a la habitación a vestirse. Baja y verá mientras la televisión en lo que dan las 11 de la mañana que abren la plaza.</p>
<p>Ahora que está aquí en la cafetería sentado duda si le dice o no a la joven lo que ha venido pensando desde hace mucho.</p>
<p>Cree que es mejor escribirle en un papel que traía en la bolsa del pantalón.</p>
<p>Le sonríe.</p>
<p>Llama a Graciela como para pedirle otro café, pero solo le entrega el trozo de papel.</p>
<p>Graciela lo toma. Se va al fondo de la cafetería y lo abre. Lo lee y escribe en el reverso la respuesta:</p>
<p>-Gracias. No puedo.</p>
<p>Don Roberto lo leyó varias veces. No levantaba la mirada.</p>
<p>Sacó 100 pesos para pagar su cuenta. Lo dejó en la mesa y salió sin despedirse.</p>
<p>El no de Graciela a su invitación para salir a comer mañana, solo lo había puesto un poco triste.</p>
<p>Volvió sobre los pasos de la misma plaza y a mirar a los lados. Como si esta vez estuviera interesado en comprar algo.</p>
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		<item>
		<title>Lalo</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/lalo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 27 Sep 2026 02:10:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Quedó petrificado frente al espejo. La imagen que se estaba reflejando no se parecía a la de él. Se espantó de verse. Tenía los ojos hinchados, con las venas rojas. El cabello descompuesto. No se había dado cuenta que seguía desnudo y que podía verse el tatuaje que tiene en el pecho con las iniciales&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Quedó petrificado frente al espejo.</p>
<p>La imagen que se estaba reflejando no se parecía a la de él.</p>
<p>Se espantó de verse.</p>
<p>Tenía los ojos hinchados, con las venas rojas. El cabello descompuesto.</p>
<p>No se había dado cuenta que seguía desnudo y que podía verse el tatuaje que tiene en el pecho con las iniciales de su nombre y el de Lalo, en medio de un corazón atravesado por una flecha y una pequeña gota de sangre cayendo, suspendida.</p>
<p>Se acaricia el tatuaje mientras intenta arrancarlo con sus uñas pintadas de rojo.</p>
<p>Atrás de él, estaba Lalo, como dormido. Con los ojos abiertos.</p>
<p>Muchas veces le dijo que era el amor de su vida. Lalo se ruborizaba y le regresaba el piropo con un beso.</p>
<p>-Tú estás loco, hay muchos como yo. Al rato igual y me cambias por otro.</p>
<p>A simple vista, eran la pareja perfecta. Nada tenía por qué ser diferente. Es lo que pasa por la mente ahora de Mauricio frente al espejo. Balbucea. Se da de golpes en la cabeza como reviviendo recuerdos.</p>
<p>-Lalo, Lalo, Lalo-, como si estuviera repasando el nombre para no olvidarlo.</p>
<p>Vivían juntos. Ninguno de los dos le había informado a sus padres. No para pedirles permiso. Sino como cortesía.</p>
<p>Estaban tan enamorados. Para donde iban se tomaban de la mano y se besaban. Eran dos almas gemelas desafiando su tiempo.</p>
<p>Es lo que más intrigó a Mauricio el día que le mandó Lalo el último mensaje.</p>
<p>Cuando regresó del trabajo a la casa, Lalo no estaba. Se había ido sin dejar una carta.</p>
<p>Había vaciado el clóset. Se había llevado sus vidas en la maleta.</p>
<p>A Mauricio el mundo se le hizo chiquito. Qué haría ahora sin Lalo, pensaba.</p>
<p>-¡Maldito, maldito!</p>
<p>Corrió al cuarto. Se tiró sobre la cama en la que ahora está Lalo. Lloró sin parar.</p>
<p>Se quedó dormido hasta el día siguiente. Soñó con él, eran felices. Le había pedido en el mensaje que le respondió, que se vieran una vez más.</p>
<p>Merecía una explicación.</p>
<p>Lalo tardó en responder.</p>
<p>-Está bien. Pero será solo un momento .</p>
<p>Mauricio tuvo una sensación agridulce cuando leyó el mensaje. Seguía llorando. Sentía que algo se le estaba acumulando adentro sin saber qué. Era una sensación como de gusanos.</p>
<p>Contaba los minutos para ver a Lalo. Se pondría la ropa que habían comprado en Zara la última vez que fueron a la plaza comercial.</p>
<p>Ese día Mauricio, cuando estaban comiendo en un restaurante, le tomó las manos y le dijo: Te amo, te amo, te amo. Se besaron como si estuvieran solos y no frente a decenas de miradas.</p>
<p>El sábado se levantó muy temprano. Arregló la casa. Se vistió. Se perfumó.</p>
<p>Se sentó en la sala a esperar, mientras fumaba un cigarro y tomaba un tequila doble.</p>
<p>Aprovechó para ver su álbum digital de fotos con Lalo. Los viajes que hicieron. Su luna de miel.</p>
<p>Se detuvo en la imagen en la que se comían un helado. A los dos les gustaba el chocolate y la fresa.</p>
<p>Dio un salto del sillón cuando escuchó el timbre y caminó despacio a la puerta. Vio por la mirilla que era Lalo.</p>
<p>Abrió.</p>
<p>Lo conocía muy bien.</p>
<p>Apenas pasó de la puerta y se lanzó sobre él, que se dejó besar. No le dijo nada. Mauricio lo tomó de la mano y los dos caminaron al cuarto.</p>
<p>Parecía su primera vez.</p>
<p>Lo volvió a besar mientras se dejaban caer juntos y se iban quitando la ropa al mismo tiempo.</p>
<p>Se trenzaron en un solo cuerpo.</p>
<p>Lalo cerró los ojos con la confianza que le habían dado los años de vivir en esta casa.</p>
<p>Mauricio estiró la mano y la metió debajo de la almohada.</p>
<p>Fue solo una punzada lo que sintió Lalo antes de intentar quitarse el cuerpo de Mauricio y de querer levantarse. Pero no pudo detener la seguidilla de puñaladas. Se quedó mirando al techo con las dos manos extendidas, ensangrentadas. Quedó en esta pose, como dormido.</p>
<p>Mauricio, temblando, se puso de pie frente al espejo, con el cuchillo en sus manos y manchado.</p>
<p>-Te dije que eras el amor de mi vida,- sisea Mauricio, llorando, mientras se mira en el espejo, antes de empuñar y empujar hacia su pecho el cuchillo, justo del lado izquierdo de su corazón.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Rosalinda</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/rosalinda/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 12 Sep 2026 19:57:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Llegó como una piedra rodando en busca de un destino. Apareció una mañana sentada en la pequeña barda de la casa de la vecina. La vi desde la ventana de la cocina de mi casa. Mi madre también. -¿Quién será? Supe después que era una presunta familiar de unos vecinos de no muy buena fama&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Llegó como una piedra rodando en busca de un destino. Apareció una mañana sentada en la pequeña barda de la casa de la vecina.</p>
<p>La vi desde la ventana de la cocina de mi casa. Mi madre también.</p>
<p>-¿Quién será?</p>
<p>Supe después que era una presunta familiar de unos vecinos de no muy buena fama en la colonia.</p>
<p>Los fines de semana sacaban machetes y peleaban. Eran sábados y domingos de brindis con cervezas y una música que escuchaba hasta la casa.</p>
<p>-Es mi tía, me dijo Rosalinda en una de las ocasiones en la que platicamos en la bardita. Le había preguntado si mis vecinos eran sus familiares.</p>
<p>Parecía una niña. Tenía 20 años, pero aparentaba unos 15.</p>
<p>Era muy delgadita. Sus ojos estaban como cansados cuando hablaba, o intentaba articular una frase más larga para responder. Sus palabras terminaban como barriéndose en sus labios.</p>
<p>Estaba quemada de sol. No adiviné si esa piel en algún momento fue blanca o clara.</p>
<p>Desde el día que llegó hasta el último en el que la vi, cargaba una bolsita transparente que contenía Resistol 5 mil.</p>
<p>Aspiraba por momentos la bolsa mientras platicábamos o cuando iba y venía y pasaba por la calle de mi casa.</p>
<p>De ella solo supe lo que me contó después de que me gané su confianza. No recuerdo si le conté un chiste o si le di algo de comer.</p>
<p>A mí madre no le gustaba mucho verme con ella. No me lo decía, pero le veía ese rostro que aprendí a leer desde pequeño.</p>
<p>No sé cómo estábamos hablando de libros. Me dijo que le gustaba leer. Le prometí que le regalaría uno.</p>
<p>Fueron las pocas veces en que ambos sonreímos.</p>
<p>Había días en que no la veía en la barda. Pensaba que así como había llegado iba a desaparecer un día.</p>
<p>No sabía si me iba a poner triste si no la volvía a ver. Quizá sí, como ahora.</p>
<p>Cuando le dije que tenía que irme de la ciudad a la frontera para cruzar al otro lado, se puso triste. Lloró un poco y me pidió que no me fuera. Que no la dejara.</p>
<p>Ya le había prometido a mi madre que iría a los Estados Unidos. Creía eso de que de verdad existía el sueño americano.</p>
<p>Necesitaba ganar dinero para ayudar a mis padres y hermanos.</p>
<p>Se lo expliqué, pero no quiso entenderme.</p>
<p>Desde el día que le conté que me iría, dejó de llegar con regularidad. Ya casi no me hablaba y pasamos mucho tiempo sin decirnos nada.</p>
<p>Por un momento dudé en marcharme.</p>
<p>En la víspera de mi viaje a la frontera, me despedí. La abracé. No quería soltarme. Cuando lo hizo se fue llorando a casa de su tía.</p>
<p>Lloraba como lloró mi madre cuando me contó lo que pasó después.</p>
<p>Nunca me lo dijo por teléfono. Esperó a que volviera.</p>
<p>-No quiero que te vayas a poner triste, hijo.</p>
<p>-¿Te acuerdas de la muchacha?</p>
<p>-¿De Rosalinda?</p>
<p>-Sí, ella.</p>
<p>-¿Qué le pasó madre?</p>
<p>&#8211; A las pocas semanas que te fuiste, la encontraron allá en la orilla del río. Cuando la sacaron de la bolsa, estaban sus manos rígidas abrazando un libro.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>De la burrada verbal al vacío institucional</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/de-la-burrada-verbal-al-vacio-institucional/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[rita]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Sep 2026 15:06:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>*“La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazo para su alma”* Proverbios 18:7* *El episodio de los “550 mil pesos” podría despacharse fácilmente como una equivocación verbal. A cualquiera se le va una palabra. Un presidente puede decir miles cuando quiere decir millones, confundir un nombre, trastabillar frente a una&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h2>*“La boca del necio es quebrantamiento para sí, y sus labios son lazo para su alma”* Proverbios 18:7*</h2>
<p>*El episodio de los “550 mil pesos” podría despacharse fácilmente como una equivocación verbal. A cualquiera se le va una palabra. Un presidente puede decir miles cuando quiere decir millones, confundir un nombre, trastabillar frente a una cámara o perder momentáneamente el hilo de una respuesta*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Convertir cada tropiezo lingüístico en prueba de estupidez sería intelectualmente lacerante y, además, bastante humillante: buena parte de la clase política morenista desaparecería antes del almuerzo. El problema de José del Carmen Olán Olán, “Chepe Olán”, presidente municipal morenista de Jalpa de Méndez, es otro*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*No analicemos solamente una palabra equivocada. Habrá que observar un patrón de comunicación pública que empieza a deteriorar la percepción sobre su dominio del gobierno que encabeza. Y ésa es una diferencia enorme. Ni Rocinante, la burra de Sancho Panza cometería tantas “burradas” juntas. La declaración que desató esta nueva tormenta ocurrió cuando periodistas le preguntaron cuánto proyectaba solicitar Jalpa de Méndez para 2027*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*El problema consiste en que el presidente municipal parecía no llevar construida una explicación clara sobre: qué presupuesto tiene actualmente; qué anteproyecto prepara para 2027, qué crecimiento o reducción espera; qué proporción corresponde al Ramo 33, cuáles serían sus prioridades y dónde realizaría ajustes. Es decir: el periodista preguntó por dinero, pero la respuesta terminó revelando -otra vez- sus graves problemas de preparación política*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Chepe Olán hablando del presupuesto del siguiente ejercicio no debería decir: “550 mil pesos o algo así”. Porque no estaba estimando cuántas sillas cabrían en una fiesta. Estaba hablando del instrumento financiero que permitirá pagar servicios, obras, seguridad, alumbrado, drenaje, administración, infraestructura y programas de un municipio entero. Decir que Jalpa de Méndez maneja más de medio millón de pesos anuales. Da una idea de la calidad del sujeto*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Entonces la pregunta no es si se equivocó con tres ceros. La pregunta es: ¿Por qué el principal responsable político del Ayuntamiento es incapaz de explicar con seguridad el orden de magnitud de los recursos que pretende administrar el próximo año? Eso sí es grave. Porque el alcalde no necesita conocer de memoria hasta el último peso. Pero es evidente que ni el inseparable amigo de Sherk rebuznaría así de grotescamente*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Para eso existen Tesorería, Programación, Finanzas, Obras Públicas y equipos técnicos. Pero sí debe conocer las grandes cifras. Debe saber cuánto recibe. Cuánto mal gasta, en qué. Qué necesita ¿Le crecerán más las orejas a Chepe o disminuirán? La realidad, nadie le está pidiendo resolver una ecuación diferencial frente al Palacio Municipal. Sólo le preguntaron cuánto necesita gobernar ¡Ni eso sabe!*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Aquí es importante hablar de personalidad pública, no hacer diagnósticos psicológicos desde un micrófono, deporte nacional que conviene dejar para quienes cobran consultas sin haber visto jamás al paciente. Lo que sí puede analizarse es su comportamiento comunicativo observable*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Chepe Olán muestra varias debilidades: a) Improvisa demasiado, en sus intervenciones espontáneas parece iniciar respuestas antes de haber ordenado mentalmente lo que quiere expresar; necesita cirugía urgente, tiene conectada la lengua con el pañal. Eso provoca frases que quiere corregir sobre la marcha y acaba peor, recurre a muletillas y respuestas que llegan a un lugar distinto de aquel donde comenzaron*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Su fórmula parece ser: b) hablar primero, manchar el pañal, cambiarlo y organizar después. Para un ciudadano común puede ser simplemente una forma personal de expresarse. Para un gobernante es riesgosa. Porque cada palabra presidencial produce consecuencias políticas. El alcalde Chepe Olán tiene severos problemas de control de reparación de daños*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Hay políticos con experiencia que también se equivocan. La diferencia consiste en que detectan el error y lo corrigen: “Me expresé mal”. “Rectifico”. “El dato correcto es éste”. El alcalde de Jalpa de Méndez parece tener dificultades precisamente en ese punto: cuando una respuesta comienza a descarrilarse, se parece al Tren Maya que no para sino lleva a los turistas a revisar las propiedades del basalto*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Ya que la regó Chepe Olán nada lo detiene y cuanto más intenta explicar, más ensucia el pañal y más vulnerable queda frente al siguiente cuestionamiento. Eso crea una imagen muy dañina: la de un gobernante al que los periodistas no necesitan confrontar demasiado, da pena ajena porque termina complicándose él mismo*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Ésta puede ser la crítica más severa. Chepe Olán conserva en ocasiones una manera de expresarse propia de una conversación informal cuando está ejerciendo una función que exige precisión institucional. Eso puede haberle servido electoralmente. Se vende la incompetencia verbal como autenticidad. La improvisación como cercanía. El desconocimiento técnico como prueba de que alguien “no pertenece a las élites”. Eso es un engaño. La gente humilde también merece administradores técnicamente competentes, quizá más que nadie*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Revisemos esto: la respuesta de Morena resulta políticamente interesantísima. Hasta el que explota el presupuesto a Chepe Olán, el titiritero que lo puso ahí, lo agarró de piñata de ranchería, Jesús Selván García, casi en bullying familiar calificó la declaración como desafortunada o como una imprecisión y pidió concentrarse en los resultados antes que en las burlas. Sólo queda esperar otro episodio de ver transitar a Chepe Olán: de la burrada verbal al vacío institucional*</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>*SEPTIMO SELLO*</h2>
<p>*Ésta es la pregunta más peligrosa y también la que Jalpa de Méndez debe formularse con cuidado. No puede concluirse automáticamente: “habla desordenadamente; por tanto, ese cerebro tan mal conectado también debe estar gobernando desordenadamente”. Eso no sería una falacia. Para ver que tan mal está administrado hay que revisar: cuentas públicas, observaciones del OSFE, licitaciones, contratos, obras ejecutadas, deudas, nómina, seguridad y satisfacción ciudadana*</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>*SEPTIMA TROMPETA*</h2>
<p>*El propio Ayuntamiento sostiene que ha mejorado la administración financiera, modernizado procesos, aumentado la recaudación y mantenido cero endeudamiento bancario. Ésa es la versión oficial y debe contrastarse con documentación fiscalizadora independiente. Pero también existe algo llamado capacidad directiva. Y allí la forma de comunicar sí importa. Un alcalde que no domina públicamente sus cifras despierta una pregunta legítima: ¿Participa realmente Chepe Olán en las decisiones financieras; las entiende o simplemente recibe los resultados de sus áreas técnicas? La pregunta no es ofensiva. Es necesaria*</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2>*SEPTIMA COPA*</h2>
<p>*Si el alcalde interpreta estas críticas como ataques clasistas y decide que no necesita modificar su comunicación, cometerá un error todavía mayor. Porque a estas alturas todo Tabasco ya sabe que tiene una vulnerabilidad horrible. Cada micrófono que aparezca frente a él buscará ahora la siguiente equivocación. Cada reportero estará atento. Cada opositor grabará. Cada frase será recortada. Cada pausa podrá transformarse en meme. Eso, aunque es desagradable: también es política*</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>*Chepe Olán debe entender que un gobernante profesional se adapta a las circunstancias y solventa sus errores. Debe estudiar los temas. Preparar tarjetas. Solicitar cifras actualizadas. Practicar respuestas. Y, sobre todo, aprender una frase extremadamente digna que algunos políticos parecen considerar veneno: “No tengo en este momento el dato exacto; se los proporciono posteriormente”. Eso es infinitamente mejor que inventar burradas*</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Amalia</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/amalia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 30 Aug 2026 18:25:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Víctor Ulín Ese día salí casi corriendo. Si yo le contara a mis amigos, me dirían que soy un maricón. ¿Cómo explicarles? La conocí en la secundaria. Yo ya iba en el tercer grado con un año de atraso, y Amalia en primero. Nuestros salones quedaban de frente. Yo podía verla. La vi mirando hacia&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h6>Víctor Ulín</h6>
<p>Ese día salí casi corriendo. Si yo le contara a mis amigos, me dirían que soy un maricón.</p>
<p>¿Cómo explicarles?</p>
<p>La conocí en la secundaria.</p>
<p>Yo ya iba en el tercer grado con un año de atraso, y Amalia en primero.</p>
<p>Nuestros salones quedaban de frente. Yo podía verla.</p>
<p>La vi mirando hacia el edificio donde estaba mi salón. No me estaba buscando.</p>
<p>Cuando hablaba se le hacían unas pocitas en las mejillas. Sus labios eran delgados, rosados. Tenía el cabello ondulado, largo.</p>
<p>Después de varios intentos la novia de un amigo nos presentó. Supe en ese instante lo que era estar enamorado de alguien que todavía ni me conocía.</p>
<p>-Hola, me llamo Emiliano.</p>
<p>-Yo soy Amalia</p>
<p>Comencé mi conquista.</p>
<p>Esperaba su salida y la acompañaba hasta donde tenía permitido.</p>
<p>Nos despedíamos con cierta pena mientras rozábamos las mejillas con un beso.</p>
<p>Le regalé chocolates y flores en días no especiales.</p>
<p>Le escribí poemas que nunca pude recitarle y que ya no recuerdo. Hasta me aprendí canciones de José Luis Perales y Leo Dan que canté mientras la lloraba acostado en la hamaca.</p>
<p>Contadas veces la acompañé a su casa que en realidad era un departamento donde vivía con su madre. Era hija única.</p>
<p>En dos ocasiones, estuvimos platicando en la puerta. Nunca entré.</p>
<p>Su madre la hacía leer el manual de Carreño. Es el libro que sostenía cuando nos vimos. Prometí leerlo. Fue la vez que la tuve más cerca. Que la acaricié con mi aliento.</p>
<p>A veces le hacía llegar cartas con la novia de mi amigo. Pasaba en mi bicicleta y miraba hacia el departamento sin que se asomara.</p>
<p>Dejamos de comunicarnos cuando terminé el tercer grado de la secundaria.</p>
<p>No volví a verla. Mis recados no le llegaron y mis rosas de hule terminaron por marchitarse.</p>
<p>Me fui de la ciudad. Cuando volví éramos adultos.</p>
<p>En una de mis vacaciones la vi sentada en una parada cercana a la prepa en donde estudiaba. Por un momento quise bajarme. Luego me arrepentí.</p>
<p>Cuando volví, a veces, pensaba en ella. Pregunté a los amigos de secundaria y nadie supo decirme.</p>
<p>El pasado se encargaría de llevarme de nuevo ante ella. Trabajaba en una constructora.</p>
<p>Habían pasado los años pero era la misma. Quedamos de vernos para platicar.</p>
<p>Nos vimos. Supe que su madre la envió con su padre cuando le confesó que la cortejaba.</p>
<p>-Le reproché que te haya alejado. Me decía que no me convenías-, me confesó Amalia.</p>
<p>Yo miraba esas pocitas en sus mejillas. Asentía sin reclamo. Ella sí lo hizo: me dijo que si ese día hubiera bajado de la combi seguramente hoy su historia fuera otra. Quizá estaríamos juntos.</p>
<p>Me contó que se había casado. Tenía dos hijos y su esposo estaba en la cárcel.</p>
<p>Yo solo la miraba.</p>
<p>Me invitó a su casa.</p>
<p>Fuimos.</p>
<p>Me dejé llevar como cuando tomaba mi bicicleta para pasar despacio por su departamento.</p>
<p>Llegamos. Nos miramos.</p>
<p>No nos dijimos nada.</p>
<p>Me dio el beso que esperé muchos días en la secundaria. Pero separé mis labios abruptamente.</p>
<p>Insistió. Mis manos estaban debajo de su vestido.</p>
<p>Se puso de espaldas.</p>
<p>Bajé el cierre y lo que seguía.</p>
<p>Se tiró en la cama.</p>
<p>Desnuda.</p>
<p>La miré como la primera vez desde mi salón.</p>
<p>Me fui.</p>
<p>No me despedí.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>Pavo Panela</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/pavo-panela/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 22 Aug 2026 18:40:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Espejo Citadino Por Víctor Ulin Te reconocí al verte en la fotografía del diario. Hasta entonces no sabía tu nombre. Te vi entrar por la puerta muchas veces. La última vez lucías un vestido morado que se ajustaba a tu silueta. Traías los labios pintados de rosa. Cuando abrías la puerta de cristal de par&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h6>Espejo Citadino</h6>
<h6>Por Víctor Ulin</h6>
<p>Te reconocí al verte en la fotografía del diario. Hasta entonces no sabía tu nombre.</p>
<p>Te vi entrar por la puerta muchas veces. La última vez lucías un vestido morado que se ajustaba a tu silueta. Traías los labios pintados de rosa.</p>
<p>Cuando abrías la puerta de cristal de par en par todos te mirábamos.</p>
<p>Te seguíamos hasta tu mesa de dos sillas y te sentabas sin mirar a nadie.</p>
<p>Yo te observaba de reojo. Desde que te sentabas hasta que te ibas. Cómo pasabas de hoja en hoja el libro que leías y te ibas tomando a sorbos tu bebida. Cómo mordías el sándwich pavo panela que pedías.</p>
<p>Lo noté desde la primera vez que no nos vimos de frente. Que entraste directo a la caja para ordenar.</p>
<p>Te gustaba sentarte en la terraza de esta cafetería en la que los baristas nos conocen a los dos.</p>
<p>Todos podíamos verte desde dentro por la transparencia del cristal y tú mantenías la cabeza en el libro o mirando hacia el río oscuro.</p>
<p>Coincidimos sin coincidir en esta cafetería por las noches.</p>
<p>Yo llegaba primero. No te esperaba. Pero entrabas a la misma hora. Te formabas en la fila y el barista te hacía la pregunta de lo que querías solo por formalidad, porque se sabía de memoria lo que le pedirías.</p>
<p>Esperabas en la fila mientras sobre ti desfilaban las miradas de extraños. Pero no eras una extraña desde que algo faltaba cuando no llegabas.</p>
<p>Tomabas la pequeña bandeja donde iba el sándwich pavo panela, la bebida y salías a la terraza de la cafetería.</p>
<p>Pasabas delante de mis ojos.</p>
<p>Había que oler tu cabello sin olerlo. Mirarte los ojos grandes sin estar de frente, tus cejas pobladas y nariz perfilada.</p>
<p>Muchas veces tuve que reprimir mi impulso de pararme y caminar hasta tu mesa. Ahora me arrepiento.</p>
<p>La última vez que te vi llegaste vestida con ropa deportiva.</p>
<p>Adiviné con los días que acudías al gimnasio al que no llego y que se encuentra en la plaza.</p>
<p>No recuerdo verte sonreír en ninguna de las ocasiones.</p>
<p>En ocasiones me pregunté si eras casada, si tendrías hijos, si eras feliz.</p>
<p>El periódico me confirma que eras soltera. Que vivías sola. Te llamabas Sofía.</p>
<p>No dejaste carta.</p>
<p>Solo encontraron varios frascos en la mesita de tu cuarto.</p>
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		<item>
		<title>Rosetta</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/rosetta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 19:22:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Víctor Ulin Había elegido Panadería Rosetta para decírselo. Pero no le diría la verdad. La causa. Lo decidió así después de muchos días de darle vueltas. No quiso que fuese en la casa. Primero tenía que decírselo a ella, por respeto. En la Rosseta la había conocido esperando su turno para una mesa o&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Víctor Ulin</h6>
<p>Había elegido Panadería Rosetta para decírselo. Pero no le diría la verdad. La causa.</p>
<p>Lo decidió así después de muchos días de darle vueltas.</p>
<p>No quiso que fuese en la casa. Primero tenía que decírselo a ella, por respeto.</p>
<p>En la Rosseta la había conocido esperando su turno para una mesa o un lugar en la barra en la que se sentía más cómodo.</p>
<p>Entre extranjeros que viven y vienen aquí, Susana sobresalía por su delgadez y su cara clara, sin huellas de maquillaje. Pero a él lo embrujaron sus labios que se anchaban con su sonrisa.</p>
<p>Se frotó las manos que le comenzaron a sudar como aquel día de hace 20 años que dudaba si le preguntaba cómo se llamaba.</p>
<p>A Susana le sorprendió que Alejandro la citara en el lugar en el que se conocieron.</p>
<p>-Su mesa está lista señor, le informa el joven Fabián que anota y está pendiente de los comensales que llegan.</p>
<p>Alejandro dejó de pensar en Susana y empezó a buscar las palabras que usaría para matizar la noticia.</p>
<p>-Veinte años juntos, balbuceó en voz alta mientras alzó la mirada al cielo.</p>
<p>Alejandro sentía que nada era igual. Que se había estancado, como un poco de agua en un charco después de una lluvia intensa.</p>
<p>En eso estaba cuando alguien muy cerca pronunció su nombre. Era Susana.</p>
<p>Alejandro dibujó una sonrisa que iba acompañada de una idea que traía desde la mañana: no debo tardar cuando la vea.</p>
<p>Quería que Susana aceptara la decisión sin resistencia. Era una esposa a la que no le podía recriminar nada. Había estado al pendiente de sus hijos que ahora estaban en la universidad y se daba tiempo para trabajar parte del día en una oficina de agencia de viajes en la ciudad.</p>
<p>Con los dos trabajando, les iba bien como para darse un gusto en algún restaurante o cafetería de la colonia Roma.</p>
<p>Alejandro venía con regularidad al lugar, casi siempre solo para tomarse un café, comerse un role de guayaba y leer un libro de ficción.</p>
<p>Susana se le queda mirando.</p>
<p>-¿Y ahora a ti qué mosca te picó? ¿A qué viene tanto misterio?</p>
<p>-¿eh?, perdón. Me quedé pensando. Todo bien.</p>
<p>No le dijo a Susana que pidiera algo. Quería alejarse lo más rápido de su pasado.</p>
<p>Apretó la garganta y se mojó los labios.</p>
<p>-Es que quiero decirte algo importante. Tú sabes muy bien que nos hemos hablado con la verdad. Y que si algún día pasaba íbamos a respetar la decisión que alguno de los dos tomara.</p>
<p>-Sí, claro. ¿Pero qué pasa, le insiste Susana que ha dejado la sonrisa de lado y que estaba a punto de sacar su dolor por los ojos.</p>
<p>Alejandro siente más que un nudo. Es como un remolino que se le metió en la panza.</p>
<p>-No te voy engañar a ti, mujer. Pero quiero el divorcio.</p>
<p>Susana se quedó callada un momento.</p>
<p>-No te entiendo Alejandro. ¿Estás loco? ¿Por qué?</p>
<p>Lo miró de frente sin encontrar su rostro. Volvió a tomar su bolsa esperando una respuesta que no habría. Se levantó llorando y se fue sin despedirse, sin volver la mirada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Alejandro tuvo un ligero impulso de pararse.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Adentro de la panadería, detrás de la barra desde donde había visto la escena, Gabriela, la joven que atendía, buscó los ojos de Alejandro y apretó los labios, como dándole un beso. Alejandro le sonrió, discreto.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>El Mercedes</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/el-mercedes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 01 Aug 2026 19:41:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Víctor Ulin En el suelo caliente quedaron los dos cuerpos. Alcanzaron a tomarse de la mano antes de exhalar el último suspiro y mirarse. Solo uno balbuceó unas palabras. -Te amo La policía llegó cuando los dos cuerpos estaban bañados de una sangre espesa. -¿Por qué lo hizo? La mujer se queda callada. Sigue&#8230;</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Víctor Ulin</h6>
<p>En el suelo caliente quedaron los dos cuerpos. Alcanzaron a tomarse de la mano antes de exhalar el último suspiro y mirarse.</p>
<p>Solo uno balbuceó unas palabras.</p>
<p>-Te amo</p>
<p>La policía llegó cuando los dos cuerpos estaban bañados de una sangre espesa.</p>
<p>-¿Por qué lo hizo?</p>
<p>La mujer se queda callada. Sigue igual que cuando le quitaron el arma que empuñó y descargó sobre la pareja que bajaba del Mercedes. No hubo palabras. La mujer había disparado mientras los ojos se le desorbitaban de rabia.</p>
<p>No hay respuesta de la mujer que se llama Esperanza. La policía sabe de ella solo por los papeles que encontraron en la gaveta de su carro.</p>
<p>Esperanza conocía a los ocupantes.</p>
<p>Los primeros disparos, en la cabeza, fueron para él. Luego miró a su izquierda. Apretó el gatillo hasta vaciarla.</p>
<p>La sorpresa fue para Rubén, su esposo, cuando la vio de frente con la pistola.</p>
<p>Esperanza empezó a sospechar hace dos meses.</p>
<p>Ambos trabajaban y solo coincidían para comer y en la noche, cuando llegaban a casa.</p>
<p>Para Rubén era difícil salirse del trabajo para acompañarla a algún compromiso familiar.</p>
<p>_Hay mucho trabajo amor. Pero puedes ir tú, no te detengas por mí. Ya nos vemos en la noche en la casa.</p>
<p>Esperanza obedecía con la mansedumbre de una mujer enamorada.</p>
<p>-Sí amor. Ya nos vemos después.</p>
<p>La intriga le inició cuando Rubén empezó a llegar más tarde a casa y cansado.</p>
<p>Esperanza se había quedado varias veces esperándolo con una sorpresa: se había comprado la tanga que Rubén le había dicho que le gustaba, y se había depilado.</p>
<p>Por más que se le insinuaba, Rubén no la tocaba. Buscó alguna respuesta:</p>
<p>-¿Todo bien en el trabajo?</p>
<p>¿Te preocupa algo?, ¿Qué te pasa?</p>
<p>-Nada mujer. ¿Qué va a pasar? Hay mucho trabajo. Me agota.</p>
<p>-¿Ya no me quieres?, le insistió Esperanza mientras se le ponía enfrente y le tomaba las dos manos que colocó en sus pechos. Estaban calientes.</p>
<p>-¿Qué ya no me deseas?</p>
<p>Intentó besarlo y él la aventó.</p>
<p>-¡Que estoy cansado! ¡Déjame dormir!</p>
<p>-¡Te odio! Yo aquí como tú estúpida. Esperándote. Arreglándome. Viviendo para ti.</p>
<p>Por las mañanas Esperanza notó que Rubén se perfumaba más y vestía con dedicación. Había comprado ropa.</p>
<p>Le dejó de creer su habitual rutina hasta el día en el que le marcó y le dijeron otra vez que había salido.</p>
<p>Decidió vigilarlo. Estacionarse cerca de la oficina.</p>
<p>Lo vio salir. Subirse al Mercedes. Lo siguió a corta distancia hasta que entró a una plaza y se estacionó.</p>
<p>A medio día el estacionamiento estaba casi vacío. Un Sedán polarizado aparcó al lado del Mercedes. Una persona descendió y subió casi sentado por la parte del copiloto, sin que se notara. El auto salió de la plaza.</p>
<p>Esperanza lo siguió unos kilómetros antes de desviarse. Se fue a su trabajo.</p>
<p>Por la noche que llegó Rubén, estaba acostada, de espalda. Pero despierta.</p>
<p>-¿Cómo estuvo tu día amor?</p>
<p>-Bien, ya sabes, mucho trabajo en la oficina. Pero vamos bien. Cumpliendo con los objetivos del negocio.</p>
<p>-Que bueno. Si quieres comer algo dejé algo preparado.</p>
<p>-Ya comí. Voy a descansar. Estoy agotado.</p>
<p>-Que descanses.</p>
<p>Esperanza estaba llorando. Rubén no lo notó. Se durmió.</p>
<p>Esperanza no pudo dormir desde entonces.</p>
<p>Amaba a Rubén. Desde que lo conoció en la universidad no tuvo ojos para otro hombre. Debería estar pensando en el hijo que desea y no en lo que pasaba.</p>
<p>Volvió a marcar a la oficina y Rubén no estaba. Tampoco le dejaba recados.</p>
<p>Decidió ir.</p>
<p>Rubén, a la misma hora, salió y subió al auto.</p>
<p>Esperanza lo siguió a la distancia.</p>
<p>Rubén se estacionó en un cajón de la plaza que conocía y a los pocos minutos llegó el Sedán.</p>
<p>Esta vez decidió seguirlo.</p>
<p>-A quién carajos irá a ver, expresó en voz alta.</p>
<p>Estaba descartando conocidos por la zona cuando notó que Rubén disminuyó la velocidad. Ella también lo hizo. Se orilló con el motor encendido sin perderlo de vista.</p>
<p>Motel Oasis, se leía en el letrero.</p>
<p>Rubén bajó el cristal para pedir la habitación y, a la distancia, Esperanza alcanzó a ver el rostro de la persona que lo acompañaba.</p>
<p>Se puso pálida.</p>
<p>Golpeó el volante.</p>
<p>-¡No!, ¡No! ¡No! ¿Por qué?&#8230;</p>
<p>Lo único que pudo hacer fue dar la vuelta sobre la calle y conducir hasta su casa.</p>
<p>Se sentó en el sillón. Volvió a gritar por qué. Pensó en la excusas de Rubén por las noches. En sus cortantes platicas cuando le deslizaba su deseo de ser madre.</p>
<p>Rubén la encontró acostada. De espaldas. No hubo un buenas noches. Nada. Se hizo la dormida. Toda la tarde se la había pasado llorando y tenía los ojos hinchados. No quería verle la cara. Se contuvo y así se mantuvo hasta este día que ocurrió el hecho en la plaza.</p>
<p>El policía volvió a interrogarla.</p>
<p>-¿Por qué lo hizo?</p>
<p>-Era mi marido.</p>
<p>-Pero mató a los dos.</p>
<p>-Sí, se lo merecían. Lo haría de nuevo.</p>
<p>-¿Usted lo conocía? Al otro.</p>
<p>-Sí, era un amigo de la universidad.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>La carta</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/la-carta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[La Chispa]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 27 Jul 2026 01:13:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Víctor Ulín Sobre la mesa encontró un pedazo de papel arrugado. Llegó a casa en la noche como todos los días después del trabajo. Tomó el papel y lo abrió. Lo comenzó a leer y antes de terminar la última línea comenzó a llorar. Apretó los dientes para que no se le saliera el&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h6>Por Víctor Ulín</h6>
<p>Sobre la mesa encontró un pedazo de papel arrugado. Llegó a casa en la noche como todos los días después del trabajo.</p>
<p>Tomó el papel y lo abrió. Lo comenzó a leer y antes de terminar la última línea comenzó a llorar. Apretó los dientes para que no se le saliera el dolor de la boca.</p>
<p>La casa ahora le parecía muy grande. El silencio ruidoso y el vacío profundo.</p>
<p>Tenía la sensación de un fantasma huésped: de habitar una casa que no era suya.</p>
<p>Le hacía falta la voz de Karla. Era lo último que escuchaba cuando salía de casa y lo primero cuando regresaba. Se echaba a sus brazos apenas abría la puerta para recibirlo y darle un beso.</p>
<p>Acaricia el pedazo de papel.</p>
<p>Lo mete en su puño.</p>
<p>Lo aprieta.</p>
<p>Karla llegó a su vida cuando a Pedro el mundo se le escabullía.</p>
<p>Nunca le importó que casi le doblara la edad.</p>
<p>Karla venía de una separación que no terminaba aún en el divorcio.</p>
<p>Un matrimonio de casi 20 años, sin hijos, donde lo único que los vinculaba era la rutina y ese primer amor que muchas veces no se olvida.</p>
<p>Ahora estaba sola sentada en una cafetería que nunca visitó con su esposo, pero que le hubiera gustado. Justo enfrente de Pedro.</p>
<p>Estaba en una mesa fumando, viendo el hilo del humo esfumarse al cielo.</p>
<p>Él mirándola.</p>
<p>Fue de repente. Dos miradas que se encuentran sin buscarse.</p>
<p>Pedro tomó su café y caminó hacia la mesa de Karla.</p>
<p>-¿Me puedo sentar?</p>
<p>-Claro</p>
<p>Karla era principiante tomando café, le confesó. Ahora que se había separado de su esposo le dio por salir a la cafetería y fumarse una cajetilla de cigarros.</p>
<p>Venía al café para no salir corriendo a tirarse bajo un autobús. Desde que se separó no ha dejado de llorar.</p>
<p>Los chistes de Pedro le expulsaron la tristeza. Fueron unos minutos y parecía que habían sostenido varias citas. La siguiente fue en un restaurante. Uno al que Karla había querido ir antes.</p>
<p>Por un instante vio la cara de su esposo en la de Pedro.</p>
<p>Caminaron por parques que Karla no conocía y sin que lo notaran empezaron a juntar sus manos. A veces ella lo soltaba abruptamente, como si el pasado tuviera ojos.</p>
<p>En casa se besaban como dos jóvenes que no quieren soltarse. Se tiraban al suelo sin desatarse mientras se iban desnudando y arrastrándose hasta el cuarto.</p>
<p>Pedro mira para todos lados como buscando a Karla.</p>
<p>No quiere levantarse de la silla. No quiere tampoco abrir la puerta del cuarto. Si lo hace, piensa, borraría del piso las huellas de Karla. Se fugarían sus voces. Se esfumaría su olor. Tampoco quiere meterse al baño. Ni decir palabra.</p>
<p>Pedro no deja de llorar y de arrugar más el papel que Karla le dejó en la mesa.</p>
<p>Lee de nuevo las últimas tres palabras de la carta:</p>
<p>-Volví con él.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Amor eterno</title>
		<link>https://lachispadetabasco.com/cuento/amor-eterno/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Víctor Ulín]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Jul 2026 18:14:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cuento]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://lachispadetabasco.com/?p=217419</guid>

					<description><![CDATA[<p>Hubieras preferido que se marchara sin despedirse. Ver algún volante pegado en el poste con su nombre: se busca. &#160; Ahora estás con tus amigas poniéndole nombre a tus cicatrices. Lloras mientras les cuentas. &#160; Los lentes negros no alcanzan a cubrir lo rojo de tus ojos. Ni tu nariz puede contener el moco que&#8230;</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hubieras preferido que se marchara sin despedirse. Ver algún volante pegado en el poste con su nombre: se busca.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Ahora estás con tus amigas poniéndole nombre a tus cicatrices. Lloras mientras les cuentas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los lentes negros no alcanzan a cubrir lo rojo de tus ojos. Ni tu nariz puede contener el moco que absorbes con una servilleta.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El muy maldito</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Diez años tomándose de las manos no es tan fácil de olvidar.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Te habías imaginado vestida de blanco entrando a la Iglesia y firmando ante el juez tu matrimonio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu madre te había dicho que ya te casaras. Pero Rubén seguía dándote largas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los papeles se habían invertido: él fue el primero en pedirte que se casaran cuando cumplieron cinco años de novios. tú tenías 20 y él 21.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Están muy chicos, te dijo tu madre cuando le platicaste lo que Rubén te había pedido después de que hicieron el amor en tu casa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Ya será después, aún somos jóvenes, le respondiste a Rubén cuando te preguntó tu decisión.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Tu respuesta lo enojó, pero la aceptó. Nada pareció cambiar. Tú te fuiste enamorando que ni cuenta te diste cómo pasaron los años a su lado.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Aquí es donde te quedas callada, como en un bache, cuando cuentas lo idiota que fuiste por creerle.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-El muy cabrón.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Todo el tiempo andaban juntos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nunca hubieras imaginado lo que viste. Ni con quién. La familia es la familia, habías dicho.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-Es que lo amo, de verdad lo amo-, le confiesas a tus amigas que se te quedan viendo, como pidiendo, con miedo, no estar en tus zapatos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¿Y ahora qué haré?, te preguntas como si quisieras vaciarlo desde tus entrañas.- Si le di todo lo que soy. Y mira cómo me paga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Notaste que Rubén empezó a distanciarse, pero tenía excusas para justificar las veces que te plantaba.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>-¡Yo los vi!</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Así había sido. Los habías visto. Detuviste el carro en ese momento para cerciorarte de que eran ellos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Quisiste echarle el carro encima y aplastarlos. Bajarte y gritarles. No pudiste. Te quedaste congelada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Interrumpes para secarte las lágrimas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Las palabras de tus amigas no te consuelan.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Una te dice que casi le pasó lo mismo. Y te sugiere ir a su psicólogo para que aceptes lo que viviste con Rubén.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Pero lo viste con tus ojos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lo viste sonreír como hacía mucho no lo hacía contigo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Y ahí, a su lado, tu prima Raquel, la que se había venido a vivir a tu casa. Echándose en su brazo. Besándole la mejilla. Oliéndole el cuello. Entrando al motel donde tú y Rubén se habían prometido amor eterno hace diez años.</p>
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]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
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