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Exclusión y precariedad laboral siguen prevaleciendo en México

Exclusión y precariedad laboral siguen prevaleciendo en México

Jorge Luis Hernández
Exclusión y precariedad laboral
Por Jorge Luis Hernández.
  • Un estudio presentado por Acción Ciudadana Frente a la Pobreza revela la realidad persistente que en 20 años las condiciones estructurales del derecho al trabajo apenas se ha movido 2 puntos porcentuales.

El Panorama Laboral del Observatorio de Trabajo Digno (OTD) de Acción Ciudadana Frente a la Pobreza revela una realidad persistente en México: las condiciones estructurales del derecho al trabajo apenas se han movido en 20 años en 2 puntos porcentuales.

Aunque la recuperación del salario mínimo ha tenido un efecto positivo en los ingresos más bajos, la exclusión y la precariedad laboral siguen siendo el corazón del problema.

El presidente ejecutivo de Acción Ciudadana contra la Pobreza, Roberto Gómez Hermosillo y la moderadora de la exposición Paulina Gutiérrez, realizaron este reporte periódico, basado en información robusta y comparable, donde se ofrece una mirada de largo plazo para visibilizar el incumplimiento sistemático del derecho humano al trabajo. La precariedad no es un residuo del pasado, sino la regla del presente, y el crecimiento del empleo no ha sido sinónimo de expansión de derechos.

Dieron a conocer los principales hallazgos sobre la exclusión, el desempleo y la precariedad que enfrentan millones de mexicanos, con datos del 2025 en contraste con periodos anteriores, la reducción ha sido mínima, solo de 2 puntos porcentual en dos décadas.

Se ha detectado que la informalidad laboral sigue siendo una estrategia de supervivencia y no se puede esperar otros 20 años para que el trabajo digno sea el estándar en nuestro país.

La baja productividad y la reducción del mercado interno dan como consecuencia el desempleo, y sobre todo la atención en el sistema de salud, considerado esta situación como una exclusión, revela el estudio.

PANORAMA LABORAL

El tamaño de la fuerza productiva.

La Población Potencialmente Productiva (PPP) —personas mayores de 15 años que trabajan o excluidas del trabajo que tienen condiciones y necesidad de trabajar— asciende a 83.3 millones en 2025. Lo que representa el 81% de la población de 15 años o más (+15 años).

Hace 20 años (2005), esta población era de 61.6 millones equivalente al 85% de ese grupo etario.

En dos décadas, la población +15 años creció 43%; mientras que la PPP lo hizo 35%. El total de la población aumentó 24% en el mismo periodo.

El tamaño de la fuerza productiva

La verdadera dimensión de la exclusión y el desempleo:

Las personas sin trabajo, desempleadas o dedicadas a labores de cuidado no remuneradas suman 23.8 millones, casi 3 de cada 10 personas de la Población Potencialmente Productiva (29%).

Hace 20 años, la exclusión afectaba al 33% de la PPP (20.2 millones).

El avance es tan lento como el de la ocupación: apenas 4 puntos porcentuales en dos décadas. Se trata de un indicador de “suma cero”: lo que no se reduce en exclusión, no se gana en empleo.

Ocupación: el déficit de empleo de calidad.

La población con trabajo (ocupada) es de 59.6 millones, el 71% de la Población Potencialmente Productiva.

En 20 años, la tasa de personas ocupadas respecto de la Población Potencialmente Productiva apenas avanzó 4 puntos porcentuales: era 67% en 2005, 68% en 2015, 70% en 2020.

Entre 2024 y 2025, el número de personas ocupadas no creció; su proporción dentro de la Población Potencialmente Productiva incluso cayó un punto (de 72% a 71%).

¿Quiénes quedan fuera de la Población Potencialmente Productiva?

El resto de la población mayor de 15 años (19.4 millones, 19% del total +15 años) está compuesto por estudiantes (7.9 millones), personas jubiladas o pensionadas (5.1 millones), con incapacidad permanente (496 mil), o mayores de 65 años que declaran no estar disponibles para trabajar (6.3 millones).

Exclusión laboral:

23.8 M (millones de personas) están fuera del mundo laboral. No porque no quieran o no necesiten trabajar, sino porque no hay trabajo o porque el trabajo de cuidar —no remunerado— se los impide.

La exclusión tiene tres rostros:

El desempleo completo: 7.0 millones. Equivale al 8% de la PPP. Buscan trabajo activamente, pero no encuentran.

Dentro de esta categoría existe el Desempleo abierto (disponibles y buscando): 1.8 millones.

Desempleo “oculto” (disponibles, pero ya no buscaron en la semana anterior): 5.3 millones.

La exclusión por labores de cuidado: 14.7 millones. Es la principal causa de exclusión. Representa 18% de la Población

Potencialmente Productiva. Son personas —95% mujeres— que no pueden incorporarse al mercado laboral porque están dedicadas al trabajo doméstico y de cuidados no remunerado.

En 20 años, esta cifra pasó de 13.2 a 14.7 millones. El trabajo de cuidados sigue sin ser reconocido como trabajo, ni redistribuido, ni valorado y pese a los compromisos de campaña no hay inversión ni crecimiento de servicios públicos de cuidado.

Quiénes quedan fuera de la Población Potencialmente Productiva

Otras razones de exclusión:

2.0 millones que incluye personas con otras razones no contempladas en las categorías anteriores.

Lo que muestran 20 años: reducciones marginales en porcentaje, aumentos en cifras absolutas.

La exclusión total bajó 4 puntos porcentuales (de 33% a 29% de la PPP), pero en términos absolutos pasó de 20.2 a 23.8 millones: hay 3.6 millones excluidas que hace dos décadas.

El desempleo completo se redujo 2 puntos (de 10% a 8% de la PPP), pero también creció en cantidad: de 5.9 a 7.0 millones.

La exclusión por cuidados cayó 3 puntos (de 21% a 18%), pero aumentó de 13.2 a 14.7 millones

En resumen: El desempleo abierto es solo la punta del iceberg. Debajo está el desempleo oculto —que crece— y, mucho más grande, la exclusión por cuidados, que afecta desproporcionadamente a las mujeres.

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México no tiene un problema de “falta de cultura del esfuerzo”. Tiene un problema de falta de oportunidades y de organización institucional del cuidado.

Precariedad laboral:

Tener trabajo no es sinónimo de trabajar con derechos. De los 59.6 M (millones de personas) ocupadas, la mayoría lo hace en condiciones precarias. Y eso no ha cambiado mucho en 20 años. Para no perderse en lo coyuntural y ver lo estructural.

La exclusión tiene tres rostros

Indicadores de precariedad:

Sin seguro social: 35.9 millones carecen de acceso a instituciones de salud por vía laboral.

61% de la población ocupada. Hace 20 años eran 65%. En dos décadas, la reducción fue de apenas 4 puntos porcentuales. En cantidad, ahora son 9.1 millones más (de 26.8 millones a 35.9 millones).

Informalidad laboral:

33.0 millones tienen trabajos informales. 55% de la población ocupada.

Hace 20 años era 60%. 5 puntos menos en dos décadas. Eran 24.2 millones ahora son casi 9 millones más.

Subocupación y jornadas excesivas:

4.3 millones están subocupadas: trabajan menos horas de las que necesitan y están disponibles para trabajar más. Representan el 7% de la población ocupada, el mismo nivel que hace 20 años.

En el extremo opuesto, 14.7 millones (la cuarta parte de las personas ocupadas) tienen jornadas excesivas de más de 48 horas semanales. Esta proporción bajó 4 puntos porcentuales en dos décadas (de 29% a 25%), pero en términos absolutos son 2.5 millones que hace 20 años.

Sin ingresos o sin remuneración: 16.4 millones ocupadas (27%) reportan no percibir ingresos por su trabajo. Esta cifra casi se ha triplicado en 20 años (era 6.3 millones en 2005). Una parte de este fenómeno puede explicarse por trabajos sin pago, pero también por problemas de captación de datos y subdeclaración en la encuesta.

Específicamente, 3.8 millones trabajan sin remuneración salarial o ninguna, ya sea en negocios familiares o en trabajos por comisiones, propinas o “becas”. Esta cifra ha disminuido lentamente (eran 5.3 millones en 2005), pero sigue siendo alta.

Precariedad laboral

Autoempleo precario:

13.0 millones trabajan por cuenta propia. La mayoría lo hace por falta de opciones, no con una visión empresarial emprendedora. Desde hace 10 años representan entre la cuarta y la quinta parte de la población ocupada, de manera constante: 22%.

En resumen

El sistema laboral mexicano no es incluyente. La informalidad se reduce a un ritmo de 0.25 puntos porcentuales por año. A este paso, alcanzar niveles de formalidad similares a los de países con sistemas de protección universal tomaría más de 100 años.

El crecimiento del empleo no ha sido sinónimo de expansión de derechos. La precariedad no es un residuo del pasado: sigue siendo la regla del presente.

Jorge Luis Hernández


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