Venezuela
El arresto o secuestro de Nicolás Maduro Moros, presidente venezolano, no solo podría analizarse y comentarse a través de dos lecturas. Sería irresponsable plantear un análisis a partir de posiciones maniqueas.
Después de la incursión militar estadounidense para capturar a Maduro Moros, las posturas ciudadanas y políticas se han dividido entre quienes condenan la intervención extranjera en un país latinoamericano y entre quienes celebran la caída del mandatario.
Los primeros repudian la violación de los derechos internacionales y los segundos, sin importar qué gobierno orquestó el plan de derrocamiento, coinciden en ya que era necesario frenar la continuidad del chavismo que encabezó Maduro Moros desde el año 2013. Si bien él gobernó a Venezuela durante 13 años (recordemos que a mediados de julio de 2024 contendió para un tercer mandato, proceso cuestionado de principio a fin), el chavismo en esta nación sudamericana cumple en 2026 unos 27 años de decidir los destinos de cada venezolano si contamos que Hugo Chávez asumió las riendas del país en 1999.
El tema, visto a la distancia -como también lo perciben miles de venezolanos que abandonaron su tierra para radicar en Estados Unidos de Norteamérica, Colombia México, entre otras naciones, está por encima de dos lecturas. Por esta y otras razones, resulta complejo hacer conclusiones sobre lo ocurrido en Venezuela, y no hago solo referencia a los acontecimientos recientes (de “inteligencia”, “incursión”, “arresto”, “secuestro”, etcétera), sino a las casi tres décadas de dominio chavista.
Por un lado, quienes defienden la soberanía de los países (los mandatarios de Brasil, Chile y Honduras, y la presidenta Claudia Sheinbaum que cuenta con el respaldo de gobernadores, como ha sido el caso del tabasqueño Javier May Rodríguez), y por otro, quienes consideran oportuno la intervención del gobierno norteamericano presidido por Donald Trump para propiciar un cambio de régimen en Venezuela.
Aunque la mayoría de los comentaristas desconocen en sí que la detención de Maduro Moros -y esposa- en Caracas está basada en los delitos de narcoterrorismo y tráfico de cocaína, es un hecho que ha imperado en la narrativa internacional el interés del gobierno de Trump por tomar el control de la producción y reserva petrolera, por medio de posibles inversiones. Sin embargo, grupos de venezolanos que se han expresado en redes o medios sociales sostienen que la intervención extranjera no se dio en el marco de la operación militar estadounidense, sino desde que Venezuela se alió (antes) con países asiáticos para el accionar petrolero y económico.
Grosso modo: el tema resulta complejo. He dado seguimiento a las manifestaciones de venezolanos (incluso en Villahermosa, Tabasco) por la caída del que llaman “dictador”, porque con su arresto, de voz propia, estaría abriéndose una oportunidad para mejorar las condiciones en un país que carece de un sinfín de servicios. De ello, me platicaron los venezolanos avecindados en Medellín, Colombia, en 2020 cuando previo a la pandemia buscaban ganarse la vida en un país fronterizo con el suyo. De acuerdo con datos estadísticos, al menos hay 9 millones de venezolanos desplazados por la crisis económica que aún impera en la nación sudamericana.
Ahora bien, más allá de la aprehensión o “secuestro”, de la división de opiniones entre quienes está a favor y en contra, la exigencia de China para su liberación, la figura opositora de María Corina Machado, la relación Venezuela-Irán, el nombramiento de una presidenta interina en la persona de Delcy Rodríguez y la advertencia de Trump para que esta actué correctamente, aún estamos lejos de comprender el hecho dada la complejidad misma del tema, quizá porque sus actores lo han polarizado o porque, además, los contenidos que se generan con Inteligencia Artificial le han metido más ruido a la poca claridad percibida a la distancia. Sin embargo, el 2026 arrancó con una noticia que le dio la vuelta al mundo y que ocupó las principales en medios internacionales y redes sociales. Sin duda, el tema soberanía o libertad es un debate entre los propios venezolanos. Para quienes permanecen en el país y para quienes partieron por el desplazamiento forzado, el petróleo pasa a segundo término.
Por cierto, habrá que esperar unos meses para que los productores anuncien el documental o la película sobre este hecho, sobre todo, a partir de los detalles que se dieron de la operación militar en la que intervinieron varias agencias. Pero me interesará más el saber de los registros de cronistas e historiadores con relación a estos hechos.
