Tabasco y el lopezobradorismo… sin AMLO
Por Rodulfo Reyes
5 enero, 2026
Las elecciones intermedias de 2027 en Tabasco marcarán un parteaguas: serán las primeras, en casi cuatro décadas, en las que Andrés Manuel López Obrador no será un factor real de poder en la toma de decisiones en su movimiento. No aparecerá en la boleta, no operará estructuras y, al menos en lo formal, permanecerá al margen. Eso no significa que el lopezobradorismo haya desaparecido. Implica algo más complejo: entró en fase de disputa.
En ese vacío comienza una recomposición de fuerzas donde distintos actores —todos formados bajo la sombra del expresidente— buscan acreditarse como herederos legítimos del capital político que él construyó en Tabasco durante más de 30 años. No se trata de una pugna ideológica ni de un debate programático, sino de control territorial, acceso a recursos y definición de candidaturas.
El caso más ilustrativo es el del secretario de Ordenamiento Territorial y Obras Públicas, Daniel Casasús Ruz, quien ha empezado a mover piezas con miras a la candidatura de Morena a la presidencia municipal de Centro. Su principal activo no es electoral ni de gestión, sino político: su cercanía con los hijos del expresidente y, en particular, con Andrés Manuel López Beltrán, Andy, actual secretario de Organización de Morena.
Casasús es, quizá, el integrante del gabinete estatal con los vínculos más estrechos con la familia López Beltrán. Vive en la casa del fraccionamiento Galaxias, en Tabasco 2000, que durante años habitó el matrimonio López-Beltrán. En la política local, ese tipo de detalles no pasa inadvertido: funciona como mensaje interno, como señal de pertenencia.
Su trayectoria dentro del aparato público también refleja ese respaldo. Durante el gobierno de Adán Augusto López Hernández fue titular del Instituto de la Vivienda de Tabasco (Invitab) y, posteriormente, coordinador de los programas federales en la entidad. Ambos cargos fueron plataformas clave para tejer relaciones, construir lealtades y consolidar presencia territorial.
Pero la cercanía con el núcleo familiar del expresidente no ha sido suficiente. En la elección de 2024, cuando ese grupo aún conservaba un peso considerable, Casasús no logró ser candidato a alcalde de Centro: quedó en cuarto lugar en las encuestas internas de Morena. Perdió cuando el padrinazgo político todavía tenía fuerza; hoy intenta reposicionarse cuando ese poder ya no es hegemónico.
El contexto ha cambiado. El gobernador Javier May Rodríguez se ha convertido en el activo principal del lopezobradorismo institucional, el depositario real del poder político en Tabasco. Desde esa posición, May no sólo gobierna: es el jefe político de los suyos.
La diferencia ahora es el control del aparato. Desde una dependencia que maneja miles de millones de pesos en obra pública, Casasús ha intensificado su presencia territorial en lo que ya se percibe como una campaña anticipada que no ha pasado desapercibida ni dentro ni fuera del gobierno estatal.
El problema es que el gobernador ya fijó postura. Hace unos días recordó que no son los tiempos y advirtió que cualquier funcionario con aspiraciones deberá renunciar. El mensaje tuvo doble filo: impuso disciplina interna y dejó claro quién ejerce el poder real.
La tradición política en Tabasco es contundente. En la elección intermedia, el gobernador “lleva mano”. Nunca ha ocurrido que un actor externo —ni siquiera uno con vínculos presidenciales— imponga al alcalde que gobernará la segunda mitad del sexenio.
Por eso, 2027 no solo definirá candidaturas municipales. Será una prueba de liderazgo para May Rodríguez, quien no es un improvisado ni un cuadro de ocasión del movimiento. Es fundador de la 4T, un histórico cercano a López Obrador y hoy el responsable de demostrar que el lopezobradorismo puede funcionar sin tutelaje.
Su reto no es ganar elecciones —Morena parte como favorita— sino gobernar sin interferencias externas y sin disputas heredadas.
En ese contexto debe leerse la versión difundida en redes sociales por el exgobernador priísta Manuel Andrade Díaz, quien aseguró que Andy López Beltrán buscaría una diputación local por Tabasco. La especie no fue información propia, sino réplica de un comentario del columnista capitalino Mario Maldonado, pero bastó para agitar el avispero.
La reacción fue inmediata. El diputado Jorge Bracamonte Hernández, presidente de la Junta de Coordinación Política del Congreso local, desestimó la versión y la calificó como rumor sin sustento. “No he visto ningún posicionamiento de nuestro secretario de Organización; es tratar de alimentar ciertos rumores”, dijo.
Más allá de si Andy compite o no, el fondo es otro y más profundo: por primera vez, el apellido López ya no garantiza el control político en Tabasco. El lopezobradorismo sin AMLO es un movimiento en disputa y 2027 será la primera elección donde se sabrá quién heredó algo más que el nombre.