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Tabasco: Violencia, percepción y la disputa por la narrativa política 

Tabasco: Violencia, percepción y la disputa por la narrativa política 

Rodulfo Reyes
De Primera Mano

 

Tiene días que a diario se reportan en redes sociales homicidios dolosos, en una escalada que debería encender alertas no solo entre las autoridades, sino también entre los sectores sociales.

 

El tiempo que llevan acumulándose los hechos de sangre es el mismo que han usado actores políticos para amartillar la idea de que continúa la ola de ejecuciones, como en el pasado reciente.

 

“No que ya no hay violencia”, escriben exfuncionarios cuyas fuerzas políticas fueron enviadas a retiro por el actual régimen.

 

“No que ya bajaron los índices delictivos”, repiten, incluso llegando al extremo de rastrear y difundir publicaciones de nota roja, en ocasiones apócrifas.

 

Estas expresiones buscan dejar constancia de que Tabasco vive la misma situación provocada por el grupo delincuencial prohijado desde el gobierno anterior.

 

En la administración pasada —según consta en expedientes criminales— se permitió una infiltración del crimen organizado en prácticamente todo el aparato de justicia.

 

El último año de ese gobierno (2024) fue el más violento que haya registrado el estado. En contraste, durante 2025, ya con el actual gobierno, los índices delictivos comenzaron a disminuir.

 

Así, la incidencia de homicidios dolosos registró una reducción significativa en 2025 en comparación con 2024, de acuerdo con estadísticas del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) y reportes mensuales de autoridades estatales.

 

Los datos oficiales muestran que noviembre de 2025 cerró con 41 homicidios dolosos, frente a 107 registrados en el mismo mes de 2024, lo que representa una disminución de 61.6%, una de las caídas más pronunciadas en el comparativo mensual.

 

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Asimismo, en el acumulado de febrero a octubre, el promedio diario de homicidios dolosos pasó de alrededor de 3.2 casos en 2024 a entre 1.4 y 1.6 en 2025, lo que implica una reducción cercana al 50%, según cifras del SESNSP.

 

Sin embargo, la percepción social no siempre va emparejada con las estadísticas. La violencia cotidiana, amplificada por redes sociales y por intereses políticos, mantiene la sensación de que nada ha cambiado, aun cuando los datos oficiales muestran una tendencia distinta.

El problema es que una ejecución visible pesa más que una cifra a la baja, y el miedo suele imponerse sobre los balances técnicos.

 

Entre la herencia de un aparato institucional infiltrado y el intento de recomposición del nuevo gobierno, Tabasco sigue atrapado entre el ruido de la violencia y la disputa política por ganar la narrativa.

 

¿La violencia sigue marcando el pulso del estado o lo que hoy se disputa es quién se apropia del relato del miedo? Esa es la interrogante que queda flotando en el ambiente tabasqueño.

Rodulfo Reyes


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