Ríos y cataratas en el Hospital del Niño
*Armagedón*
“Un abismo llama a otro a la voz de tus cascadas; todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí” Salmos 42:7
*El Hospital del Niño, Rodolfo Nieto Padrón con las últimas lluvias parece haber adoptado una política hídrica propia: donde debería haber control sanitario y asepsia, hay ríos y cataratas de agua inmunda; donde debería haber protocolos, hay resignación. Lo que muestran los videos no es una falla aislada, es un colapso funcional*
*Tuberías rotas implican más que incomodidad: significan contaminación cruzada, riesgo bacteriológico y deterioro acelerado de áreas críticas. Un hospital que se inunda pierde su capacidad básica de ser un entorno higiénico y seguro*
*Otra vez llega un nuevo delegado estatal al IMSS Bienestar Tabasco y otra vez encuentra el mismo lamentable escenario y el mismo ritual: techos que apenas llueve inundan los pasillos del Hospital del Niño, paredes que lloran, se agrietan, que se abren ante la indolencia de la Dra. Gutiérrez Lucatero, de un administrador y un sequito de incondicionales que, milagrosamente, no ven nada*
*Un hospital pediátrico que un día fue la gloria de Tabasco ahora convertido en metáfora barata del abandono, sólo que aquí la metáfora son niños que languidecen, medio respiran, tosen y a veces no sobreviven. El mínimo análisis médico, administrativo y financiero dicta inexorable: la infraestructura en su gran mayoría está enferma y los pocos insumos que quedan ¡Desaparecen, se roban por las noches cables, gasolina y cosas peores!*
*Diagnóstico superficial que si investiga -encontraría- el nuevo delegado estatal del IMSS Bienestar y primero debería preguntarse ¿Qué sucede con la infraestructura del Hospital del Niño que parece que se está cayendo a pedazos? Esas han sido y son las cartas de presentación de los últimos 7 años y medio de la directora Gutiérrez Lucatero debe presentar ante el médico militar y pediatra Farid Adán Pacheco y Orozco*
*Un profesionista de la medicina pediátrica a quien no pueden engañar, ya que por su misma formación lo más seguro es que si llegará sin anunciar su visita al Hospital del Niño obligadamente encontraría y miraría las lamentables condiciones en que a diario viven cientos de personas que llegan al nosocomio: médicos, enfermeras, trabajadoras sociales, camilleros, choferes, personal de mantenimiento, pacientes infantiles en estado de indefensión y familiares*
*Pacheco Orozco es un profesionista que entiende que un hospital no es sólo médicos y medicamentos. Es un sistema. Y cuando ese sistema físico falla, la medicina pediátrica se vuelve improvisación y los niños desdichadamente muchas veces pagan esa factura con su existencia ante el hostigamiento extremo para correr a los verdaderos profesionistas a quienes tratan como si fueran wilas. Urge que el nuevo delegado estatal acabe con tan galopante impunidad*
*Añada que las groseras goteras, chorros de agua, ríos y cataratas, filtraciones y humedad en un hospital pediátrico no son un detalle estético. Son focos de contagio que incrementan infecciones respiratorias, proliferación de hongos y bacterias, algo especialmente peligroso en pacientes pediátricos inmunológicamente vulnerables ¿Por qué las máximas autoridades por años han visto esto y no han tomado cartas en el asunto? No pueden negar lo innegable realidad. Urge una respuesta creíble*
*El caos silencioso reina porque nadie -ningún profesionista: pediatra u oncólogo- tiene derecho a reclamar el por qué hay áreas no estériles, ni siquiera por los quirófanos o zonas críticas con filtraciones que comprometen la asepsia. Eso eleva el riesgo de infecciones nosocomiales, que en niños pueden escalar rápido. Falta de insumos y condiciones básicas: si el personal “resuelve” con lo que hay, el margen de error clínico se amplía. No por incapacidad, sino por precariedad estructural*
*Innegable es que hay personal médico y enfermeras comprometidos que luchan a diario cual serie de Netflix; pero, en sentido contrario hay quejas de alimentación en mal estado: lo de los “pollos magullados”, rojos y sanguinolentos que huelen fétido no es anécdota, -basta mirar las fotos- pollos que son un foco de riesgo sanitario. Las denuncias son gritos de desesperación, de médicos que saben que en niños hospitalizados, una intoxicación alimentaria puede ser devastadora. En términos médicos, esto no es sólo mala calidad de atención. Es un entorno activamente dañino*
*Ahora bien, ubiquemos que en el análisis administrativo aun con maquillaje puede encontrarse el clásico triángulo tóxico y eso no es misterio técnico, hay patrones repetidos hasta el cansancio: asignación de recursos sin trazabilidad clara, se reporta dinero para mantenimiento, pero el hospital en lugar de estar correctamente impermeabilizado se llueve a cántaros. No es amarillismo el columnista ni es mala suerte, es opacidad y falta de transparencia ¿En que fueron invertidos los recursos?*
*¿Qué encontrará el Dr. Pacheco Orozco? Fallas en supervisión y control interno, Molestia y resentimientos ante tanto abuso de sus máximas autoridades: si el personal filtra fotos y documentos, no es rebeldía romántica. Es señal de que los canales institucionales están muertos. Un auténtico desgaste organizacional: médicos y enfermeras trabajando en condiciones indignas terminan operando en modo supervivencia. El burnout deja de ser teoría y se vuelve rutina*
*Hay una desconexión de la directiva con la realidad; sus acciones giran en torno a fotos y fanfarria de chaquiras y lentejuelas de una dirección que no da la cara frente a fallas visibles; que, aunque no lo comprenda, en su apatía pierde autoridad técnica y moral. Y esa indolencia se filtra a toda la cadena de mando. El resultado es una administración que no gestiona, sólo contiene crisis*
*Todo lo anterior genera consecuencias en la salud de la niñez: lo que realmente importa y aquí es donde el asunto deja de ser político y se vuelve brutalmente concreto: hay aumento de infecciones hospitalarias, retrasos en diagnósticos y tratamientos, una mayor mortalidad que puede ser evitable, secuelas a largo plazo por atención deficiente y estrés tóxico en pacientes y familiares. Algo debe de hacer el Dr. Pacheco y Orozco para detener los ríos y cataratas en el Hospital del Niño*
*SEPTIMO SELLO*
*El tema de los alimentos roza lo inaceptable. Servir productos en mal estado dentro de un hospital pediátrico no es descuido, es una negligencia sanitaria directa. Entendamos: un niño enfermo necesita certeza ¿Qué recibe? Recibe incertidumbre, humedad en el techo y comida dudosa. Gran combo. Aquí ya no hablamos de administración deficiente, sino de posibles responsabilidades legales. Administrativamente, el silencio y la permanencia de las mismas prácticas bajo la gestión de la Dra. Lucatero dibujan un patrón claro: falta de control, supervisión y rendición de cuentas*
*Cuando el personal filtra evidencias, es porque los canales internos ya no funcionan. El reclamo de auditoría no es exagerado, es lo mínimo. Porque cuando un hospital empieza a parecerse más a una infraestructura en ruinas que a un centro de atención, el problema ya no es político ni mediático. Es estructural. Y en medio, otra vez, están los niños pagando el costo de esa descomposición*
*SEPTIMA TROMPETA*
*El factor y la esperanza renovada tiene nombre y apellidos: Farid Adán Pacheco y Orozco. La llegada de un perfil médico-militar introduce algo incómodo para los que estaban cómodos: disciplina operativa y cadena de responsabilidades. Si actúa conforme a su formación, hay tres movimientos inevitables: auditoría técnica y financiera (no de escritorio, sino de campo), evaluación de responsabilidades administrativas e intervención en mantenimiento e infraestructura inmediata*
*Si no ocurre eso, entonces no era cambio, era decoración institucional. El problema no es que “el hospital se esté cayendo” eso es del dominio público. El problema es que durante años alguien permitió que se cayera mientras firmaba reportes diciendo lo contrario. Y en medio de esa simulación, hay niños en estado de indefensión*
*SEPTIMA COPA*
*Es de tomar en cuenta que el Dr. Farid Adán Pacheco y Orozco no desconoce las entrañas del Hospital del Niño su investigación pediátrica de 2024 sobre teratoma sacrococcígeo altamente diferenciado en compañía de otros grandes pediatras de la talla de Rubén Martín Álvarez Solís, Arturo Montalvo Marín, Silvia Susana Gómez Delgadillo, Armando Quero Hernández y David Méndez Mendizabal, da una idea de su pasión por salvar las vidas de los niños y exhibe la capacidad de quien ahora toma las riendas de la delegación estatal del IMSS Bienestar Tabasco*
*Se entiende que son y los niños que no votan, no protestan y no redactan denuncias. Sólo enferman, sufren la deshumanización de un sistema enfermo, lo peor, a veces agonizan y mueren. Y eso, aunque parezca que en la burocracia no pesa, es lo único que realmente debería importar. Con la llegada del nuevo delegado la esperanza y el clamor que decenas de empleados, pacientes y familiares de inmediato hicieron llegar al columnista, es: ¡Dr. Pacheco y Orozco, salve y rescate al Hospital del Niño!*
