Las dos caras de Tabasco
Como en los tiempos del mitológico Jano, hoy Tabasco resiente dos caras distintas: la de la mentira, falsedad e hipocresía y la belleza de un edén que florece en primavera. El Jano de ahora es la puerta de entrada y salida al sureste mexicano, pero también la contradicción política entre lo que se dice y lo que se hace. Dos discursos que desnudan la doble cara de una mentira que resiente —y tolera— la sociedad.
En Tabasco, la primavera nos regala la belleza del guayacán, que adorna su capital con un amarillo intenso y, al mismo tiempo, alfombra sus calles, mostrando una ciudad “como de caramelo”, como la calificaría la peruana Chabuca Granda.
Pero la otra cara de esta representación bicéfala exhibe un panorama distinto: el de la mentira difundida en algunos medios sobre un Tabasco supuestamente contaminado en sus playas. La malsana intención tenía un objetivo claro: hacer fracasar el sistema turístico de la entidad.
Por ejemplo, la televisora del “Tío Richie” y sus bandoleros mediáticos echaron a andar un plan malévolo: mostrar un Golfo de México — orgullo nuestro— casi totalmente contaminado, con cuerpos y rostros manchados del llamado oro negro.
Al menos en la tierra del Edén pretendieron espantar al turismo que suele visitar las playas y restaurantes de Paraíso, Cárdenas y Centla en esta temporada cuaresmal, bajo el argumento de que se expenderían pescados y mariscos contaminados. No les funcionó.
Fueron repelidos con campañas de desmentido; el propio gobernador difundió en sus redes impresionantes paisajes tabasqueños, promovió productos alimenticios de calidad y garantizó playas limpias.
Quienes intentaron ahuyentar al turismo no repararon que Tabasco está de fiesta, de preferia; y su gente, sin importar que llueva, truene o relampaguee, ahí está, respaldando a su embajadora, como se vivió el pasado sábado en la imposición de bandas a las 17 representantes municipales.
En un marco de algarabía, se conjugaron la belleza y el talento de sus mujeres con el cadencioso ritmo y el característico cadereo de la mujer tabasqueña. Por eso bien vale entonar el himno que Pepe del Rivero dedicó a su tierra: “Ven, ven, ven… vamos a Tabasco, que Tabasco es un Edén…” Es todo.
