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ESTOY LLORANDO POR UNO DE MIS AMORES MÁS CERCANOS

ESTOY LLORANDO POR UNO DE MIS AMORES MÁS CERCANOS

Homero T. Calderon

Hace 50 años, murió prácticamente en mis brazos mi santa madre doña María Guadalupe Calderón. Tras una semana peleando contra una enfermedad sin identificar, la enfermera me dijo: “ Ya no sufra, don Homero, su madre acaba de fallecer. Hicimos lo imposible por retenerla en esta vida. Tómelo con tranquilidad, ella ya descansa de sus dolores.

—“Pero señorita, respondí, no me pida tranquilidad ni mesura. Es mi madre y no soporto el dolor de haberla perdido. Tengo unas ganas inmensas de llorar, de comunicarle al mundo que mi madre es lo más intensamente amoroso que me ha sucedido en esta vida. Es una parte muy importante de lo que soy. Sin ella, entiéndame, la vida para mi significa muy poco”.

Diez horas después la llevé a su última casa en el panteón de mi pueblo. Desprenderme de su recuerdo me costó mucho tiempo. No recuerdo cuando reempecé mi vida.

Ayer domingo, después de comer con mi mujer y mis hijos, le dí de comer unos huecesillos del pollo de la comida a mi perrito “Doki”, un pequeño Chihuahuaque le compré a mi hija Itzia Sofía hace dieciséis años cuando al dar un mal paso, se rompió la frágil dentadura de niña de cuatro años.

Cuando estaba sangrando y hecha un mar de llanto, le dije que qué quería que le regalara para tranquilizarla en sus dolores. Me dijo que un perrito. En ese momento salimos a buscarlo en el estacionamiento de Sam´s. Nos gustó el pequeño “Chihuahua” y a ella también.

Han pasado casi diez años. Ayer fue trágico para mi y mi hijo Carlos Eduardo. El perrito, mi “Doki” fue atropellado por un chofer sin pericia y fue muerto junto a otra perrita Chihuahua, su compañera de juegos.

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El dolor me está estrujando el alma. MI “Doki” se acostaba en mis pies a la hora de escribir en mi computadora. Ya nunca más lo hará. He llorado lágrimas que pensé que nunca más iba a volver a llorar. Me duele su muerte, el dolor de mi hijo Carlos Eduardo al írsele su pequeño perro con el que compartía la cama y el aire acondicionado.

Para mi es como perder un hijo amado. En el cielo de los perros , querido “Doki” nos encontraremos, te besará como lo hacía en tu vida, pero hace unas horas que exhalaste el último aliento, está fresco en mi corazón y quiero seguir llorando por ti, querido amigo, porque fuiste como otro hijo cercano para mi….

Homero T. Calderon


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