Es tiempo de feria


La Feria Tabasco está a la vista y resulta imposible estar al margen de lo que acontece con esta. Acudas o no a las actividades —antes y durante la feria— la fiesta estatal va envolviendo, incluso, a sus ateos, a aquellos que la rechazan, pero que de reojo miran un poco esa algarabía y jolgorio tabasqueño.
¿Por qué es importante su realización? Por muchos factores que describiré a continuación:
Sabemos de la Feria Tabasco por los múltiples libros históricos que esbozan su comienzo y desarrollo; por las publicaciones periodísticas que datan de finales del siglo XIX y principios del XX; por el interés de sus gobernadores para darle el impulso a través de las primeras exposiciones; por las fotografías en blanco y negro que mostraron y documentaron aquellos frutos del campo; por las imágenes que del periodo garridista rescató la filmoteca de la UNAM en “Tabasco entre el agua y el fuego”; por su evolución y constancia de transitar entre una “exposición regional, agrícola y ganadera” a una Expo Tabasco; por pasar de antiguas sedes (se recuerda con nostalgia a los quioscos en el parque La Choca) al Parque Tabasco; por darle un papel significativo a las mujeres como Mensajeras del Progreso; por los discursos de las representantes que suelen destacar la belleza del paisaje o las características de sus lugares de origen; por la identidad de los municipios; por sus personajes que suelen ser incontables (artesanos, músicos, la figura del Choco tabasqueño, Chico Che, Dora María, entre otros); por el sonido a cuero de tambores y a flautas de carrizo; por la sonoridad de la marimba, la música de viento y aquel ritmo que se sigue bailando, pero que ya pocos le dicen “tropical”; por los himnos; por las porras que se suman a la colectividad de las voces; por el lenguaje local que retumba más allá de un ¡ay mojo! o un ¡ashushao!; por el calor y el sol quemante del que nadie se queja si se trata de ir a una imposición de bandas o a ver el desfile de carros alegóricos; por sus vestuarios que siguen la tradición entre el regional y el de gala; por el zapateo que se oye sobre las tablas; por la tira bordada punto de lomillo; por la presencia de los productos de grano y semovientes; por el olor a comida cuya oferta es amplia; por la cascada de pozol y dulce de coco, merengues, melcocha, y más; por las tortillas hechas a mano y echadas al comal; por la producción quesera de los Ríos; por la variedad de tamales y plátanos; por el sabor de la panetela, la butifarra, el picadillo de pavo, el uliche, el horneado; por los artesanos y pintores; por todo aquel que espera con ansias la feria para conocer cuáles son esos productos que ya están comercializándose; por la música que es toda una crónica del ayer, que es un trazo de todo municipio, que es un acercamiento a su gente; por las voces de los locutores que aún se oyen en el parque Tabasco y que con nostalgia recuerdan las expresiones de Andrés de la Cerda, diciendo: “Es tiempo de feria” y “Tabasco tiene flor”…
Por esta y otras razones, la mayoría de los tabasqueños, y de residentes que ya llevan algunos años en esta tierra, es que cada año esperan con cierta ansias los días de pre y feria; y esperan la presentación a medios de las embajadoras (aunque lo son hasta la puesta de la tira bordada con el nombre del municipio), la imposición de bandas, la noche de la elección de la Flor Tabasco, y de los días en que cada municipio, a través de sus ayuntamientos, mostrarán a los visitantes (y a los que siguen las transmisiones de canales institucionales y redes) sus logros o avances, productos y novedades.
En el presente año, el gobierno de Tabasco a cargo de Javier May Rodríguez organiza la feria con el slogan ¡La fiesta del pueblo!, y se cuida, ante todo, la seguridad de los asistentes. El propósito de seguirla realizando es en respuesta a que la misma ciudadanía no quiere que la tradición desaparezca, misma postura en la que cree el gobernante.