Dos Bocas: la orden presidencial
Ayer, la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo empeñó su palabra con los tabasqueños: pidió a Pemex reubicar las escuelas pegadas a la refinería Olmeca de Dos Bocas. Falta ver si su instrucción se cumple o se queda en promesa.
Y es que la muerte de cinco trabajadores en el complejo volvió a poner en el ojo del huracán un riesgo que el gobierno federal ha querido patear: dos planteles ubicados a unos metros de la barda perimetral, en una lucha que padres de familia y agrupaciones ambientalistas llevan tiempo dando y advirtiendo el peligro para los niños.
El incendio del martes solo confirmó lo evidente: los alumnos del preescolar “Agustín Melgar” y la primaria “Abías Domínguez Alejandro” toman clases junto a instalaciones de alto riesgo.
La tragedia pudo ser mayor. El siniestro fue antes del horario escolar. De haber sido en plena jornada —y con inundaciones que dificultan evacuar, como denunciaron los padres— la historia sería otra.
Las madres han dicho que seguirán presionando, pues no hay plan de emergencia claro; tampoco hay respuesta a los oficios enviados desde noviembre a la SEP.
Vaya, ni siquiera hay una ruta definida para atender a padres y maestros.
Sí hay, en cambio, plantas de azufre y tanques de aguas amargas a menos de 500 metros de donde estudian los alumnos.
El punto bajo el escrutinio de la opinión pública es si la palabra presidencial hará tierra. Pero Pemex no ha dado señales de prisa. Más bien ha administrado el problema y estirado las respuestas.
Ha dejado correr, como el agua de mar, el tiempo mientras el riesgo sigue ahí.
Así que la pregunta es: ¿le hará caso Pemex a la presidenta o también la van a batear?
Los padres ya tocaron todas las puertas. Ahora queda ver si la orden se cumple o si la palabra se queda en eso.
