Donald Trump prendió las luces ámbar
“El avisado ve el mal y se esconde; más los simples pasan y reciben el daño” “Proverbios 22:3”
*La captura de Nicolás Maduro no es sólo un hecho político. Es una horrible radiografía de lo que puede venir a las izquierdas ligadas al narco. Una de esas imágenes incómodas que obligan a mirar no únicamente al país que colapsó, sino al sistema que lo observó caer sin intervenir, hasta que dejó de ser conveniente no hacerlo. Para las izquierdas cobra vigencia la máxima: “a ti te lo digo puerta, entiéndelo tu ventana”*
*Peor aún, “cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar”. Porque la escena más honesta no sólo ocurre en Caracas ni en Miraflores. También ocurre fuera. En las comunidades venezolanas de Tabasco, Pomoca, en Miami, en Bogotá, en Lima, en Madrid. Felices miles de venezolanos, celebrando desde el exilio, con una mezcla de alivio, incredulidad y duelo*
*Celebran una caída que no pudieron presenciar desde casa porque la casa les fue arrebatada por Hugo Chávez y Nicolás maduro. Celebran lejos porque el régimen no sólo encarceló o arrebató vidas y enterró cuerpos, expulsó futuro. Y mientras eso ocurre, países enteros reaccionan con rigidez calculada, con comunicados fríos, con silencios estratégicos o con reproches envueltos en el lenguaje pulcro de la diplomacia*
*Esa distancia entre el júbilo del pueblo desplazado y la incomodidad de los gobiernos no es anecdótica. Es el núcleo del problema. Durante más de una década, Venezuela fue un laboratorio del deterioro humano administrado por Cuba. No hubo sorpresa. Hubo señales reiteradas, verificables, documentadas hasta el cansancio. Naciones Unidas emitió informes sobre ejecuciones extrajudiciales, represión sistemática, desapariciones forzadas. ONG internacionales hablaron de colapso sanitario, de inseguridad alimentaria, de destrucción institucional. Nunca faltó información. Faltó voluntad*
*La pregunta que persiste y que ningún comunicado logra borrar, es brutal en su sencillez: si el desastre era visible ¿Por qué Estados Unidos decidió mirar hacia otro lado durante tanto tiempo? ¿Por qué la reacción llega cuando ya no hay casi país que rescatar, sino millones de vidas dispersas y 8 millones en el exilio? La respuesta no está en la moral, aunque se disfrace de ella. Está en la arquitectura del poder*
*El sistema internacional no fue diseñado para proteger a los pueblos, sino para evitar choques directos entre Estados. Su obsesión no es la dignidad humana, sino la estabilidad. Su lógica nunca fue el auxilio, sino el equilibrio. Por eso coexistieron durante años con regímenes que destruyen a su población siempre que ese daño no altere el orden regional ni genere ondas expansivas difíciles de contener, hasta que las marchas invasivas migratorias y las drogas, fueron las gotas que derramaron el vaso*
*Venezuela fue tolerable mientras su tragedia permaneció dentro de sus fronteras. Mientras el hambre, la represión y la miseria podían narrarse como “asuntos internos”, el sistema se limitó a observar, documentar el saqueo y postergar la decisión. Pero el colapso no se quedó quieto. Cruzó fronteras y se volvió migración masiva. Presionó mercados laborales, sistemas de salud, seguridad pública y dinámicas políticas en toda América Latina. Cuando el deterioro dejó de ser local y se volvió regional, dejó de ser administrable. Ahí cambió todo*
*Ubiquemos: no se actuó porque el sufrimiento venezolano fuera insoportable. Se actuó porque empezó a ser costoso. Eso explica la reacción ambigua de muchos gobiernos. No están incómodos sólo por la caída de un régimen autoritario. Están incómodos por lo que ese quiebre revela y revelará: que la soberanía no es absoluta cuando el desorden se vuelve contagioso. Que el principio de no intervención se defiende mientras resulta funcional, pero se relativiza cuando amenaza la estabilidad de otros*
*Por eso el debate se formula en términos morales que en realidad encubren secretos políticos innombrables. Unos hablan de soberanía como si fuera un valor sagrado, cuando en el fondo es el último blindaje que protege a cualquier poder del escrutinio externo. Otros hablan de libertad y democracia como banderas universales, cuando esas palabras sirven también para legitimar rupturas selectivas del orden establecido. Discursos opuestos, misma finalidad: preservar un equilibrio de un poder engusanado que ya no podía sostenerse intacto*
*Revisemos: la historia no es benévola con estas ilusiones. Los Balcanes ardieron durante años antes de que Europa entendiera que el conflicto no se quedaría encerrado. Irak fue sancionado y castigado humanamente durante décadas antes de que el régimen se volviera incómodo para la arquitectura regional. Libia fue intervenida no cuando Gadafi oprimía y asesinaba a la población con gases químicos, sino cuando dejó de garantizar control*
*El temor no es moral. Es preventivo. ¿Quién sigue en la lista de Donald Trump? ¿Cuba, Colombia, Nicaragua, México? ¿Dónde está el límite? ¿Cuánto deterioro es tolerable antes de que alguien decida que ya no lo es? La discusión pública suele empobrecerse al reducirlo todo a una dicotomía emocional: soberanía contra libertad, izquierda contra derecha, intervención contra autodeterminación. Es comprensible, pero insuficiente. Cuando se retiran las consignas, queda una verdad más seca: el sistema internacional actúa tarde y actúa por interés, no por compasión*
*Y cuando finalmente actúa, lo hace de manera abrupta, con costos humanos adicionales que nadie asume del todo. Venezuela deja así una lección amarga. No enseña cuándo el mundo protege a los pueblos, sino cuándo decide dejar de tolerar su destrucción. Enseña que los órdenes políticos no colapsan por injustos, sino por disfuncionales. Y cuando alcanzan ese punto, el ajuste nunca es limpio. Sin embargo, esto no es un cierre. Es una grieta abierta*
*Lo que se ha roto no es sólo un régimen, sino una ilusión compartida: la de que el deterioro humano podía seguir gestionándose sin consecuencias sistémicas. A partir de ahora, otros Estados observarán con atención quirúrgica. No para replicar escenarios, sino para medir riesgos ¿Cuántos secretos “cantará” Nicolás Maduro tratando de salvar a sus hijos, a quiénes involucrará esa información y qué consecuencias habrá para sus aliados?*
*Entendamos: el “efecto Maduro” será devastador, el efecto inmediato no será una oleada de intervenciones a otros países. Será algo más sutil y más inquietante: reacomodos internos, cierres autoritarios preventivos, discursos más duros de Donald Trump y una diplomacia cada vez más desconfiada de los mecanismos multilaterales. Un mundo menos ingenuo y por eso mismo, más nervioso. Un orden donde la palabra “precedente” pesa más que la palabra “principio”, y donde la legitimidad se disputa tanto en la calle como en la narrativa*
*Para los pueblos, el riesgo es evidente: que la vida concreta vuelva a ser moneda de cambio en juegos de estabilidad. Para los Estados, también hay un riesgo profundo: que al defender el orden terminen vaciando los valores que dicen resguardar. Venezuela no marca el final de una era. Marca el momento exacto del manotazo de Donald Trump dejó de jugar al rudo y actuó. Y cuando eso ocurre, el mundo de este loco sin camisa de fuerza no se recompone. Se tensa. Se endurece*
*Seguro ya prepara el próximo quiebre. Eso es lo que realmente estamos viendo. No es sólo la caída de Nicolás Maduro o del régimen venezolano, sino la confirmación de que el Donald Trump midió y actuó para cerrarle el paso a China y Rusia, siempre por intereses propios, nunca por piedad. La CIA compiló una lista de más de dos docenas de espías rusos que se hacían pasar por diplomáticos en México; por ello, defender a Maduro suena a precipitación ante una señal tan nítida: Donald Trump prendió las luces ámbar*
*SEPTIMO SELLO*
*Demasiados sobresaltos en este inició de 2026. En todos los casos, el patrón se repite con una precisión inquietante: primero el sufrimiento prolongado, luego la intervención tardía, finalmente el desorden que nadie termina de controlar. Venezuela se inscribe en esa secuencia. No como excepción, sino como confirmación. Nombrarla es una forma de desnudar la hipocresía estructural que suele ocultarse bajo discursos nobles*
*El derecho internacional y la no intervención sigue existiendo, sí, pero su aplicación es cada vez más selectiva. El marco permanece; la obediencia depende del riesgo percibido. Por eso la imagen de estos días es tan reveladora. “Muerto el perro se acabó la rabia”. Contrasta la abierta celebración del pueblo venezolano y la falta de represión o respuesta por parte de vice presidenta Delcy Rodríguez brazo derecho de Maduro*
*SEPTIMA TROMPETA*
*Conviene insistir en algo, aunque resulte incómodo para los entusiastas de las posturas absolutas: comprender esta lógica no implica celebrarla. Explicarla no equivale a justificarla. Al contrario. Nicolás Maduro -cómo todo dictador- es llorón y cobarde. Nadie está seguro porque a nadie le cubrirá las espaldas este lunes cuando comience a enfrentar un juicio. El panorama inmediato dicta: un país celebrando su propio quiebre desde el exilio y un conjunto de países inquietos no tanto por la tragedia venezolana —esa ya fue tolerada—, sino por el precedente que se abre, los secretos a conocer y las impostergables consecuencias*
*SEPTIMA COPA*
*El columnista espera que este 2026 sea un año de éxitos, salud y prosperidad para todos y cada uno de sus lectores. Mañana regresamos al escenario local. El mensaje de año nuevo del priista-morenista Jesús Alí de la Torre se dejó sentir un tanto impúdico y la mesa de café reclamó una revisión al columnista. Regresamos con el tema, aunque hay demasiada tela dónde cortar en la política choca*
