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Dilema educativo 

Dilema educativo 

Es un hecho que durante días se cuestionó a la UNAM por los resultados a raíz del cambio de modalidad -de lo presencial a lo virtual- para la presentación de su examen de admisión 2026.

Se debatió que una decena de estudiantes lograra el porcentaje mayor o calificación de excelencia, y que un grueso de la población demandante aprobara la prueba. Se compararon, incluso, los resultados a través de tablas entre la última modalidad presencial y la reciente modalidad virtual, comprobándose que existían elementos para demostrar que un sinfín de solicitantes había incurrido en prácticas deshonestas con el fin de ingresar a esta casa de estudios.

Por esa razón, se repitió la prueba en dos sedes presenciales, se cuestionó a la empresa encargada del soporte digital -misma que fracasó- y lo más importante: la UNAM aceptó el error, en parte porque hubo presión de académicos, egresados y de otros frentes de la sociedad. Aún así, cuando hay un error, este debe aceptarse y remediar, y así lo hizo la UNAM.

Ahora bien, la semana pasada se registraron una serie de quejas de parte de padres y madres de familia en Tabasco. La razón: el hecho de que sus hijos no fueron aceptados en la preparatoria cercana a sus domicilios o al menos en la según opción elegida; por el contrario, fueron enviados a destinos lejanos.

Presté atención a las redes, pero más a las inquietudes vertidas en las estaciones radiales. Por ejemplo: alumnos a ingresar a bachillerato con residencia en Centro o en área conurbana habían sido enviados a planteles en las cabeceras municipales de Nacajuca o Jalpa de Méndez.

Por una u otra razón no recordaba que, en el presente ciclo escolar de este nivel medio superior, a iniciar en estas semanas, la admisión de sus estudiantes dejó de depender de un examen basado en puntajes y pasó a darle prioridad a la preferencia del demandante y a criterios de proximidad. De hecho, el examen desapareció y 18 estados del país -entre ellos, Tabasco- se han sumado a la nueva forma de ingreso en aras de “garantizar un lugar para todos”, de acuerdo con la SEP y con la estrategia educativa del Gobierno Federal: “Mi derecho, mi lugar”, que busca privilegiar “el acceso universal y gratuito”.

Si bien en cada sexenio hay una serie de cambios que buscan o que le apuestan “a la mejoría”, en este caso estamos ante un retroceso. Es ocasiones los mecanismos que han venido dando resultados, deben continuar con el objetivo de garantizar el orden de las cosas. Más allá de que los nuevos preparatorianos reclamen, junto a sus padres y con justa razón, espacios cercanos a sus domicilios, resulta preocupante el hecho de que no hay un examen que mida las capacidades -en porcentaje- del alumnado, un diagnóstico útil para el maestro que atenderá a los jóvenes procedentes de las escuelas secundarias.

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Justo aquí creo pertinente decir que no todo lo que idea la Federación debe tomarse al pie de la letra, sobre todo, si las decisiones tomadas desde el Centralismo generarán un caos. Es evidente que estamos frente a nuevas generaciones cuyos conocimientos no son ni serán medidos o evaluados porque lo más importante es la cantidad sobre la calidad, restándole importancia a ese deseo (del educando) por aprender o por alcanzar estándares de calidad. Sin embargo, de la franja educativa no emerge aquella voz que diga: también nos equivocamos y aceptamos el error como la UNAM. Mientras tanto, Patricia Iparrea, secretaria estatal de Educación, continúa diciendo que el problema es menor y que solo sucedió en Centro.

 

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