Desesperados
En Tabasco, a un año de las elecciones del 2027, el dirigente del PRD, Rafael Acosta, y del PRI, Miguel Barrueta, están desesperados e intentan de todo para llamar la atención y ganar un puñado de votos para tratar de evitar la pérdida -casi segura- de sus registros y seguir viviendo al amparo de las prerrogativas.
Los dos dirigentes formales que pasan la mayor parte en sus oficinas y que se quejan de que los reporteros no cubran sus conferencias de prensa, de pronto, a conveniencia, olvidaron que sus partidos tuvieron la oportunidad de hacer mucho por las familias de Tabasco cuando sus partidos fueron gobierno, pero que privilegiaron los negocios, el derroche, la corrupción e impunidad.
A Rafael Acosta y Miguel Barrueta – así como los que los replican en las redes sociales, ergo Manuel Andrade Díaz, Lorena Beaurregard de los Santos, Erubiel Alonso Que-, les irrita que las familias de Tabasco mejoren su vidas, sea porque reciban una casa, tengan mejores servicios públicos, calles nuevas o renovadas en sus colonias o comunidades, o se beneficien de algún programa social o becas escolares.
Ambos, el perredista y el priísta, que carecen de toda autoridad moral para reprobar o criticar, creen que estar contra el bienestar de la gente y del progreso y desarrollo de Tabasco les redituará electoralmente. Pero están equivocados.
Al contrario: tanto el dirigente del PRD como el del PRI acumulan un repudio generalizado de los tabasqueños que condenan su cinismo y el odio que destilan.
Estamos siendo testigos de un patético ocaso de dos partidos que ya no cuentan ni con la confianza ni mucho menos con el voto mayoritario de los tabasqueños que decidieron darle la oportunidad a Morena para gobernarlos, y a otros partidos como el PT, el PVEM o MC en el caso de algunas las alcaldías.
Lo que deberían hacer quienes quizá sean los últimos dirigentes del PRI y del PRD en Tabasco, es hacer política de altura, sería, despedirse con dignidad, antes de bajar las cortinas de sus oficinas.
