Beaurregard-MAD, el boomerang
Reprobó en el uso de armas mediáticas. Fiel a su costumbre, Lorena Beaurregard quiso disparar a quema ropa, pero la bala le dio en el pie.
Después de haber compartido un vídeo registrado por ella para intentar denostar al gobernador Javier May porque este viajaría en los primeros asientos del avión, los ciudadanos se volcaron en las redes para respaldar al mandatario estatal no solo en opiniones enviadas a estaciones de radio, sino en diferentes plataformas de redes sociales.
Lo de Beaurregard no sorprende, menos el hecho de que sigue siendo patrocinada por una institución a través de los servicios que ofrece y razón suficiente para mostrar solvencia. Lo que se cuestiona es la forma en que ha buscado, al igual que el exgobernador priista y mitómano, Manuel Andrade, forzar una narrativa -sin argumentos y pruebas- para descarrilar al Gobierno de Tabasco.
Ambos fabrican una mentira, pero al paso de las horas esta se desvanece y se le vuelve en contra. Beaurregard ha insistido hasta el cansancio en impulsar un discurso en el que ya nadie cree. Fracasó en el PRI como defensora del cuestionado Andrés Granier y hundió al PAN cuando fue su abanderada al gobierno estatal, sobre todo, porque bien decían los periodistas: solo hizo campaña en redes sociales, videograbándose en el parque de cada municipio, bebiendo un cafecito, y forzando entrevistas radiales para despotricar en un acto desesperado a sabiendas de que perdió la elección desde la precampaña.
El hecho de ser invasiva con el mandatario ha provocado “indignación” entre los tabasqueños, y más porque ella sí puede viajar en los primeros lugares de una aeronave, sin importarle que le cuestionen la procedencia de sus recursos y como una voz opositora.
Sin embargo, la ciudadanía igualmente ha celebrado la respuesta que le dio el ejecutivo en la misma videograbación: “No, le dijo, los narcogobiernos son ustedes, rateros, ladrones”, mucho después de explicar que había logrado un ascenso en boleto de parte de la aerolínea.
Además, en los últimos días, uno de los exmandatarios más mentiroso de Tabasco quiso sembrar dudas entre los ciudadanos sobre un posible relevo en el Gobierno de Tabasco derivado de una presunta enfermedad de su titular. Al igual que a Beaurregard, los disparos mediáticos rebotaron en la pared y se alojaron en la lengua kilométrica de Andrade. Incluso, se le cuestionó por el hecho estar deseándole un final al gobernador, olvidando la desgracia misma que ha representado para los tabasqueños su presencia como exmandatario priista, de cuando provocó aquel accidente en el que quedó vendado como una momia y de sus excesos en la feria estatal, razón suficiente para ir a una entrevista radial, e incluso, llorar por su estado de salud.
Por cierto, en conferencia de prensa el gobernador May, y sin decir su nombre, hizo alusión a los dichos de Andrade: “es una pena que alguien que haya ocupado un cargo termine así en política”. Al decir que se encuentra por los cuatrocientos, como el buen porcentaje de bateo en el béisbol, afirmó que por su “ansiedad” o su problema “psiquiátrico” debe acudir con un profesional y comenzar un tratamiento: “le deseamos pronta recuperación, no le deseamos la muerte (porque) nosotros no le deseamos mal a nadie”.
A Andrade como a Beaurregard no les importa lo que suceda con Tabasco, les duele estar alejados de toda posibilidad de espacio político, y de ahí la desesperación por mantenerse vigentes en aras de volver a la administración estatal, de la cual Andrade mejoró su vida y la de sus descendientes. Sin embargo, sus disparos mediáticos se regresan a ellos como un boomerang.
