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AMLO y Marx Arriaga

AMLO y Marx Arriaga

Erwin Macario

La posible muerte evitable de la primera esposa de Andrés Manuel López Obrador se hubiese mantenido sólo como una olvidada anécdota, perdida en un libro, de no haber conocido la segunda consorte al hoy apestado Marx Arriaga.

En libros y algunas menciones perdidas en columnas como ésta, en ediciones pasadas.

Anabel Hernández, en “Historia secreta AMLO y el Cártel de Sinaloa”, confirma en parte que el cáncer de Rocío Beltrán pudo haberse tratado con más probabilidades de vida.

Nico Mollinedo, chofer y amigo de AMLO, reveló que Rocío Beltrán quería ir a Cuba u otros lugares para recibir tratamiento contra el cáncer, sin embargo, no se separó de sus hijos y ni del entonces jefe de Gobierno.

No fue así exactamente. Muchísimo antes, cuando AMLO recibía dinero bueno, de gente honesta que creía en su proyecto, su esposa Rocío hizo preparativos para ir a hospital de Estados Unidos, pero se lo prohibió el propio López Obrador.

Noé Álvarez M. —uno de esos prósperos empresarios que apoyaron a AMLO— iba a aportar la mitad del costo del tratamiento y el padre de Rocío, don Gonzalo Beltrán —que por cierto no era el productor cacaotero que “enraiza” la riqueza chocolatera de quienes nunca produjeron—, daría la otra mitad.

Noé, que ahora radica en Nueva York, lo cuenta en su libro “Diosidencias”, edición en español. AMLO le reclamó que intentara apoyar a Rocío. Pero no renunció al dinero que él recibía para sus campañas.

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Un caso cercano a Tabasco puede ilustrar. Isabel de la Parra, esposa del gobernador Roberto Madrazo, vive pese al lupus porque fue atendida en hospital de EEUU.

AMLO no se hubiese casado con Gutiérrez Müller y Arriaga no hubiese dañado la educación en México.

Erwin Macario


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