Denuncia: Hoy alzo la voz públicamente para denunciar lo ocurrido el día de ayer en el evento cultural de inauguración del Festival Ceiba.
En este evento se entregaron preseas al talento y al esfuerzo, lo cual debería ser motivo de orgullo. Y sí, lo es. Porque reconozco y valoro profundamente el trabajo de compañeros indígenas de la radio bilingüe “La Voz de los Chontales” en Tabasco: Domingo Alejandro Luciano, Esmeralda López Méndez y Griselda Luciano de la Cruz.

Ellos, sin formación académica en comunicación, pero con compromiso, dignidad y amor por su cultura, hicieron lo que muchos no hacen: aprender desde cero, operar una estación, construir contenidos, organizar programas y dar voz a un pueblo que lucha por no desaparecer. Todo esto con limitaciones económicas y sin el respaldo institucional que, por obligación, debieron recibir.
Por ello, la radio fue merecedora de la presea “La Savia del Edén”.
Hace aproximadamente un mes se les informó que serían galardonados por su labor, y se decidió que sería la compañera Griselda quien recibiría el reconocimiento a nombre del grupo.
Sin embargo, en un acto incongruente y abusivo, pocos días después el representante del INPI en Tabasco decidió dar de baja a Domingo Alejandro Luciano, quien fungía como director y fue pieza clave en la construcción, impulso y defensa de este proyecto radiofónico dedicado a preservar la cultura yokot’an.

A pesar de esta injusticia, el Instituto Estatal de Cultura lo invitó al evento, que además era de carácter público.
Pero lo que ocurrió después no solo es indignante: es inaceptable.
Durante el evento, cuando Domingo Alejandro Luciano se acercó a la compañera Griselda únicamente para observar la presea, el representante estatal del INPI en Tabasco actuó de forma autoritaria, prepotente y humillante, quitándole la presea en pleno acto —antes de concluir el evento— para entregársela a quien él designó como nuevo director.
Aclaro que no tengo nada en contra de este compañero; sin embargo, considero lo ocurrido un acto de discriminación y de violencia de género, que parece tener origen en un descargo personal contra Domingo.
No se puede permitir que una mujer indígena sea tratada de esa manera en un espacio público, y menos en un evento que supuestamente reconoce el valor cultural de nuestros pueblos.
Lo más grave no es solo el hecho, sino lo que representa: funcionarios que ocupan cargos para servirse, no para servir; instituciones que fallan en proteger a quienes realmente trabajan; y compañeros que, por intereses o miedo, guardan silencio o se prestan a estas injusticias.
Cabe señalar que la compañera Griselda siempre tuvo claro que la presea no era un reconocimiento personal, sino colectivo, fruto del esfuerzo de todos los que integran la radio. Pero si fue ella la encargada de recibirlo, debió respetarse su lugar y su dignidad.
Hoy lo digo con claridad: esto no es un error, es un abuso.
Y estos actos no deben normalizarse ni quedarse en silencio. Porque no representan a los pueblos originarios, ni su dignidad, ni su lucha.
Exigimos respeto. Exigimos justicia. Y exigimos que quienes ocupan cargos públicos actúen con responsabilidad, ética y compromiso con nuestros pueblos.
