Facturan la política
Los partidos políticos ya no se conforman con vender promesas… ahora también se dedican al comercio de productos.
La competencia electoral dejó de ser ideológica. Hoy ha caído todavía más bajo: se ha convertido en un tianguis disfrazado de estrategia política. Ya no se trata de propuestas ni de perfiles, sino de quién vende más barato y condiciona mejor la “ayuda” al pueblo.
Ahí está el caso de una alcaldesa que fue sorprendida vendiendo despensas a 150 pesos. No eran apoyos sociales, ni programas institucionales… eran mercancía con precio y condición: Había que presentar credencial de elector, si no, no había venta. Así, sin pudor.
En Jalpa de Méndez, PRD y Morena entraron de lleno al mercado avícola. Gallinas “doble pechuga” como si fueran producto de campaña: el partido guinda las soltó en 125 pesos, mientras que el amarillo, en plena guerra de precios, las remató en 100 pesos… competencia digna de cualquier mercado, menos de una democracia.
Aquí no sólo se trata del precio, sino del daño colateral: comerciantes formales, productores y pequeños vendedores que sí pagan impuestos, que sí cumplen la ley, quedan aplastados por esta competencia desleal patrocinada por quienes deberían garantizar condiciones equitativas.
Brigadas perredistas, casa por casa, levantaron pedidos, como si se tratara de una preventa comercial, con fecha y hora de entrega. Perfecta organización al servicio de la manipulación.
Y mientras tanto, la gran pregunta flota en el aire: ¿reportan estos partidos y autoridades las ganancias de estas “ventas”? ¿O también la ilegalidad viene incluida en el paquete?… La realidad es incómoda pero evidente: no están gobernando ni haciendo política… están haciendo negocio.
Esto no es nuevo. Durante años los partidos han convertido las campañas en un catálogo de productos: tanques de gas, carne, pollos, insumos agrícolas… todo con tal de comprar voluntades.
Detrás de este mercado negro electoral operan los de siempre: los “mapaches”, esos operadores que no dan la cara, pero sí reparten efectivo —no al ciudadano, sino a líderes corruptos que venden a su gente como si fueran mercancía electoral.
Hoy, la política en Tabasco no sólo se prostituye… se factura. Y lo peor: hay quienes todavía la compran. ¡Al menos el PRI hasta regalaba carros!.
