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Pellicer y el libro

Pellicer y el libro

Erwin Macario

Esta vez el Día Mundial del Libro me llega en la felicidad de haber recuperado una obra colectiva, editada en 1978 por el Gobierno del Estado, en la que se publica un texto en prosa y un poema, ambos de mi autoría, en homenaje póstumo a Carlos Pellicer.

“Carlos Pellicer/ Homenaje a varias voces”, que rescata las expresiones en honor al Poeta de América a su muerte, me llega del tiradero de José Luis Rabelo, calle Gil y Sáenz, donde he documentado muchas de las obras de escritores y poetas tabasqueños que pueblan mi mundo cultural.

“A Carlos Pellicer/ Poesía para decir en voz alta”, nació el mismo día de la muerte del poeta. Me enteré manejando y la dicté a mi esposa, María Reyna López Pérez, quien la escribió en un cuaderno.

“Carta al Poeta”, la escribí en la redacción del Diario Avance, pocas horas después. Ambas fueron publicadas en la sección cultural del 27 de febrero de 1977. Un texto de Isidoro Pedrero Totosaus aparece en ese suplemento.

Le digo: “Poeta Carlos Pellicer Cámara, en el infinito. ¿Qué palabras mejor para escribirte que las propias palabras de tu verbo? Perdóname, Poeta, y préstame un momento la voz que te dio junio para que, por ti, de nueva cuenta saque la rosa eterna del momento, este espacio de horas en que pasas la noche junto al cielo para escoger la nube, la primera nube que salga del sueño”.

Y le dije más, como se leerá en mi próximo libro que preparo sobre la cultura en Tabasco. Esa misiva la termino: “Te escribo y, como a ti, pero regañándome, me sucede lo mismo. Estoy escribiendo y las palabras se me quedan mirando, como si me preguntaran que por qué las escribo, que por qué no las invento”.

En parte del poema dije:

En tu mirada

se me hizo clorofila

el infinito.

En tu palabra conocí que existo

en la mínima letra

que repito

para decir tu nombre…

 

Por tus manos palpé

la suavidad suprema

de las cosas

y la dura tragedia

de mi pueblo,

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pues si nacieron rosas,

y soles, y alegrías,

también me crece espinas

en las manos,

en estas manos limpias,

donde a veces lastima

la ausencia de trabajo.

 

Eso, y más, en mi próximo libro. En noviembre.

Erwin Macario


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