Crónica: Con las 25 casas de palafito construidas por el Gobierno del Pueblo en Palomillar “ya no nos comerá los pies el agua”, reconocen familias agradecidas de cambiar su vida
- Recorre Gobernador Javier May 35 minutos en lancha, corriente abajo el río Grijalva, en visita histórica a la comunidad de Aztlán 5ª sección; constata que los pobladores ya se benefician de tres programas sociales y productivos
Grandes historias se están escribiendo desde las pequeñas comunidades de Tabasco. Una de ellas, fue la visita histórica que, este lunes, hizo el Gobernador Javier May Rodríguez, a la ranchería Aztlán quinta sección, donde supervisó los avances del proyecto de construcción de 25 viviendas que se realizan en esta comunidad, que ya se beneficia además de otros dos programas del Gobierno del Pueblo.
Para llegar hasta el pequeño embarcadero de Palomillar, que parecía un enjambre rodeado por todas las familias que no dejaban de otear hacia el río Grijalva, esperando el momento del arribo del mandatario tabasqueño, quien viajó, primero 30 minutos en auto, saliendo de la carretera federal rumbo al aeropuerto, tomando el camino vecinal que conduce a los Aztlanes.
A esa hora, los lugareños, como su mandatario, estaban trabajando: campesinos con machetes en sus campos, vaqueros montados a caballos en sus potreros, ancianos cortando racimos en sus platanares. La vida cotidiana de hombres y mujeres bien fajados para que la tierra germine o salte el pez del agua.

El siguiente tramo del mandatario fue tomar una lancha para navegar con corriente favorables durante 35 minutos más, constatando la fuerza de la naturaleza y su gente, que vive en casas de palafito, desafiando las crecientes o dando confianza al brioso caballo para subirlo al espigado cayuco y enfrentarse a la corriente.
El propio Gobernador demuestra ser de la misma madera que su pueblo: incansable, queriendo cambiar no solo la realidad de su gente sino también revolucionar sus conciencias y probando en cada salida con la historia que, vivir en la periferia, es ahora la primera oportunidad que tienen las y los tabasqueños para que se estrenen en el centro de los programas sociales.
Tras dejar el Grijalva custodiado de sauces llorones y salpicado con el vuelo en picada de los “patobuzos”, los de Aztlán reciben al mandatario a las 10:30 con un solo grito: ¡Bienvenido, bienvenido!
May Rodríguez corresponde con un sonoro “buenos días, ¿cómo están?”. Y como si preguntara a uno solo, todos responden más fuerte aún: “¡Alegres y contentos!”
Esa dicha sincera se siente en cada mano cálida que se acerca a estrechar la del Gobernador, quien camina seguido de los habitantes de la comunidad, que avanzan con el firme anhelo de que nadie se quede sin darle la bienvenida.

La multitud se detiene en la deslumbrante casa de palafito color mostaza, bajo el piso que sostendrá el nuevo hogar de doña Martha Maho y don Joel Pérez, nativos de aquí, de Palomillar. El Gobernador saluda a la pareja radiante y les comenta contento: “Este espacio les servirá en tiempos de seca”.
De su antigua morada, doña Martha recuerda que “se nos comían los pies de agua”. Durante décadas, sin esperanza de cambiar su vida y la de sus hijos, transcurrió sus días entre láminas oxidadas. “Sufríamos mucho de crecientes, inundaciones. Era muy feo, los niños sufrían bastante”. Al lado, sonriente está su compañero. De pronto su radiante felicidad palidece y su voz se quiebra: “Trabajo en el campo. Jamás imaginé tener una casa así, ni con lo que pescada yo, me daba, solo podía pagar el sustento de mis hijos”, reconoció.
Levantar el nuevo hogar ha sido una proeza titánica. Quedará registrado en la historia: Cada una de las 25 viviendas requirió que una panga realizara siete viajes sobre la corriente para transportar el material. ¡Unos 175 viajes para mover los bloques de cemento, las trabes, las varillas y la grava! Y la construcción de las 25 casas requirió la mano de obra de 70 trabajadores, todos de la comunidad.
Al dirigirse a las mujeres, casi todas vestidas de rojo, y a los hombres, calados con sombrero y ropa vaquera, May Rodríguez les recordó la primera vez que estuvo en esta tierra de barcazas al frente de los hogares cuando encontró a Aztlán sin luz y a las familias preocupadas porque se acercaba la Noche Buena; entonces él como candidato en busca del Senado solucionó el problema.

Ahora, como Gobernador de Territorio, supervisa en esta “más agua que tierra”, las primeras 25 casas sostenidas con un sistema de viguetas que garantizan la seguridad de la estructura. “Es el sexenio de las viviendas, son las primeras que construimos aquí, seleccionando entre casa por casa, para ver quién la necesita más. Es difícil comprender cómo no se atendió al pueblo, pero vamos a trabajar a este ritmo para que cada año hagamos más viviendas, ¿están de acuerdo?”, pregunta.
La mayoría responde que sí. May Rodríguez decide prolongar la conversación para convencer a cada habitante de que ahora ya no están en el olvido, que ellos son el centro y están en el centro de los programas de su gobierno, porque ha cambiado la forma de gobernar.
Casi al final, don Luis Miguel Rivero, de la Comunidad de Aprendizaje Campesino ‘Bienestar del Pueblo’, invita al mandatario a conocer el vivero donde cultivan plántulas de tinto. Caminando entre los almácigos, el mandatario comenta que Sembrando Vida federal y estatal también benefician ya a la población.
Caminando hacia el embarcadero para emprender de nuevo poco más de una hora de recorrido entre agua y tierra, una mujer se despide con familiaridad del mandatario: “¡Adiós, tío!”, dice agradecida por la visita. May Rodríguez reconoce a su gente y le devuelve también alegre: “¡Adiós, sobrina!”.
