Confianza en el pueblo
La aprobación de un financiamiento por 2,010 millones de pesos para el proyecto Villahermosa 2030 alborotó el avispero. Y como era de esperarse, los zánganos —que nada aportan a la transformación del estado— salieron de inmediato con el mismo argumento de siempre: Tabasco no debe endeudarse.
Opositores y legisladores de un partido en vías de extinción no analizaron el fondo del asunto. Se fueron, como “El Borras”, de bruces al reclamo, sin entender —o sin querer entender— lo que realmente está en juego.
Porque si algo dejó claro el gobernador Javier May una semana antes, es que este financiamiento no es un salto al vacío. Se trata de una estrategia respaldada por la recaudación estatal, que este año se estima superará los 6 mil millones de pesos, con la cual se proyecta liquidar la deuda antes de que concluya su administración.
El propio Congreso local lo estableció con precisión: la liquidación total deberá realizarse en un plazo no mayor a 1,704 días, con vencimiento antes del 31 de agosto de 2030.
Más claro, imposible. El Ejecutivo explicó que este financiamiento operará como una línea de respaldo —ni gasto corriente ni capítulo 1000— sino inversión productiva. Un “plan B” que sólo se utilizaría en caso de ser necesario, para evitar retrasos en las obras. Y si no, los recursos propios del estado bastarán para cumplir.
Ahí están los números: tan sólo al inicio de este año se recaudaron más de 1,500 millones de pesos, lo que permitió liberar recursos y fortalecer la capacidad financiera del gobierno. Incluso, especialistas ya analizan las tasas de interés más convenientes, lo que demuestra que no se trata de una decisión improvisada, sino de una planeación responsable.
La garantía será un porcentaje de los flujos del Fondo General de Participaciones, mediante un fideicomiso irrevocable hasta cubrir la totalidad de las obligaciones. Es decir, orden, previsión y disciplina financiera.
Por eso, vale la pena recordarles a los desmemoriados que en Tabasco hoy hay finanzas sanas. Que se trabaja todos los días para cumplir compromisos sin poner en riesgo el futuro del estado.
Y, sobre todo, que existe un compromiso claro: no actuar con irresponsabilidad ni endeudar por capricho. Porque al final, más allá del ruido y la grilla, hay algo que pesa más: la confianza del pueblo. Es todo
