Líder de escritorio
Los profesores universitarios esperarían a que su “líder” asumiera un rol más protagónico o decoroso, o al menos como un abanderado de contrapeso. Pero estas características están lejos de los pasillos de la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco.
Los académicos universitarios esperarían, además, a que su dirigente magisterial hiciera un mínimo de esfuerzo por levantar la voz cuando lo considere necesario y pertinente. Sin embargo, hace años que la representación sindical del profesorado es blanda.
Cada vez que el año comienza, así como el periodo de negociaciones salariales vs prestacionales, es el Sindicato de Trabajadores Administrativos y de Intendencia (STAIUJAT) el gremio que no solo marca la pauta, sino el que muestra -una veces más que otras, aunque en la última cedió a las presiones- la fuerza de sus afiliados. De hecho, la reciente gestión del STAIUJAT habrá de ser juzgada por la base, pese a haber marchado en un par de ocasiones. En la esquina contraria, está el Sindicato de Profesores e Investigadores (SPIUJAT), que como ha sido una costumbre de las últimas seis negociaciones, termina por aceptar lo que le propone el patrón y es casi una réplica de lo que ya otorgó al primero.
En los últimos días cuando el STAIUJAT había marchado y emplazado a huelga, los agremiados al SPIUJAT bromeaban -entre comentarios- sobre “la negociación FastTrack” en la que suele recurrir el gremio magisterial y su patrón. De las únicas veces que el profesorado salió a las calles, y esto porque se raspó sus bolsillos, fue cuando el patrón no pagó las prestaciones de fin de año. Incluso, aquel líder sindical se vio forzado, por la base, a tomar esas medidas en 2018. Después, nada. Por el contrario, se toma “a pies juntillas” lo que le ofertan. Es el caso de Melchor Hernández, dirigente recién electo y quien estará nueve años en total maniobrando el timón del SPIUJAT. Así como lo escribí en octubre y noviembre de 2025, cuando advertí por qué él no debía continuar con el “liderazgo”, esta vez retomo el tema para observar que sigue siendo un “líder tibio” y que está lejos de generar un contrapeso al interior de la UJAT.
Si el rector le hubiera puesto sobre la mesa una oferta del 3% (y no del 4% como se acordó) también lo habría aceptado. Esta vez, ambas partes firmaron el acuerdo salarial que establece un incremento del 4% directo al salario.
Es decir, Hernández -y lo ha hecho desde su inicio al frente de la oficina magisterial, es solo un encargado de despacho que asiente con la cabeza ante las órdenes del superior. Es más, el boletín donde se destacó el acuerdo entre el SPIUJAT y la UJAT pasó sin pena ni gloria, porque los profesores e investigadores están conscientes de que es más noticia un apagón de energía eléctrica en cualquier división académica que lo que pueda generarse en torno a Hernández y al gremio magisterial. Al menos un brinquito o una declaración “chiquita” diciendo “vamos a pedir más” habría sido un poco más de lo que realmente fue: una postura sedentaria, estática de principio a fin. Y así estarán dos años más.
De hecho, será hasta el 3 de marzo cuando los agremiados al SPIUJAT conozcan, y en asamblea extraordinaria, el Convenio colectivo por la revisión salarial 2026 y sobre la consulta para la aprobación o no del contenido del mismo convenio. Así las cosas, con el “líder” de escritorio.
