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Burla con intención mordaz

Burla con intención mordaz

Manuel García Javier

En su reciente visita a la colonia Bosque de Saloya, Nacajuca, el gobernador Javier May fue abordado por una octogenaria que, sin protocolos ni reservas, lo abrazó, besó y le soltó una frase tan espontánea como sincera: que lo veía muy flaco y pálido, que se cuidara porque lo quería mucho.
La escena, ocurrida frente a quien esto escribe, no fue menor. Reflejó el afecto genuino de la gente y esa cercanía que no se fabrica en discursos. El cariño popular suele manifestarse así: directo, sin filtros, con la confianza de quien siente que habla con alguien propio.
Y sí, el mandatario lucía visiblemente delgado. Un servidor atribuyó el detalle al ritmo intenso de trabajo, a las giras constantes por todo el estado y a la carga propia de gobernar. Nada que no se remedie —pensamos entonces— con algo de descanso.
Días después, trascendió su hospitalización por una dolencia abdominal. Él mismo, a través de sus redes sociales, informó: “A quienes se han preocupado por mi estado de salud les comparto que me encuentro bien… y ya me estoy recuperando”. Mensaje claro, directo y tranquilizador.
Sin embargo, nunca faltan los que ven en la enfermedad ajena una oportunidad para el escarnio. Los críticos —que más bien parecen opositores de oficio— intentaron convertir un asunto médico común en material de burla. Creyeron que el sarcasmo y la ironía podrían erosionar la imagen del Ejecutivo con comentarios punzantes y hostiles.
La crítica, en su esencia, es saludable. Puede ser constructiva o severa, pero válida cuando se sustenta en argumentos. Lo que no abona es la mofa disfrazada de análisis, la ironía utilizada como arma y la intención evidente de humillar. Cuando la entonación y el contexto revelan el deseo de herir, ya no estamos ante el debate democrático, sino ante la crueldad gratuita.
Magnificar el hecho revela más el ánimo de quien lo hace que la gravedad del suceso. Tal vez no sea preocupación lo que los mueve, sino esa vieja conocida llamada envidia.
El gobernador tomó unos días de reposo por prescripción médica y ya reapareció de nuevo este domingo para retomar sus actividades con la misma intensidad. Es su compromiso y no fallará al pueblo.
En lo personal, con agradecimiento a Dios, este 24 de febrero ajusto tres cuartos de siglo de vida. Setenta y cinco años que me encuentran muy bien y gozando de cabal salud. Es todo.

Manuel García Javier


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