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El cese de Adán

El cese de Adán

Víctor Ulín

Ningún cese o desplazamiento que le reste poder a un político puede tomarse como una victoria. Al contrario: es una derrota. Nadie cae para arriba.

Adán Augusto López Hernández lo está viviendo en carne propia: el otrora poderoso político neomorenista que hasta hace poco aseguraba que seguiría en la posición, vivió uno de sus momentos más bochornosos al anunciar públicamente que renuncia a la Presidencia de la Junta de Coordinación Política y de su partido en el Senado de la República.

No puede presumir ni tampoco sus huestes de que gana al dejar la posición, cuando fue desplazado de la cúpula de uno de los tres poderes del Estado y de facto pierde el margen de influencia, por lo menos como quería, que había ganado para procurar a su grupo y sus ambiciones políticas.

Su renuncia a ser la cabeza principal en el Senado, justo cuando está en la antesala la aprobación de la reforma electoral que no podrá ya capitalizar a su favor, no sorprende. Desde que asumió el control político y financiero de la Cámara Alta se volvió en uno de los principales obstáculos de la presidenta Claudia Sheimbaun, amén de los escándalos que no lo han dejado y cuando la presión de Estados Unidos aumenta.

En privado y en público se sabía que Adán Augusto López Hernández no estaba en el ánimo de la Presidenta y menos cuando se empeñó en bloquearla desde el Senado y en burlarse de ella.

Para la Presidenta Adán Augusto López Hernández estaba convertido en un negativo muy dañino para su gobierno como líder del Senado, y para el mismo Morena.

Por supuesto que no es lo mismo ser líder del Senado y disponer de todo el presupuesto, incluida la partida secreta, que pasar a ser un miembro más que deberá obedecer a su nuevo jefe Ignacio Mier, hombre de todas las confianzas de la Presidenta, y a los dirigentes de Morena ( Luisa María Alcalde y Andrés Manuel López Beltrán) que lo tendrán en el radar por el presunto trabajo territorial que hará en la Cuarta circunscripción electoral del país (que no en todo el país).

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Como lo hizo antes cuando sostuvo que terminaría como líder del Senado en el 2030, ahora Adán Augusto López Hernández también asegura que no tiene pensado irse a ninguna embajada. Tampoco puede decir lo contrario, hasta que suceda como este domingo que, en la antesala del 2027, fue obligado a dejar el liderazgo del Senado para no seguir afectando ni a la presidenta ni a Morena, con su debido costo político y electoral para sí mismo y su grupo político que cada vez luce más débil.

A partir de ahora, queda claro que el futuro político del ex priísta Adán Augusto López Hernández y sus huestes lo controla la Presidenta, la misma que le ganó las vencidas a las que la había desafiado, y que le acaba de propinar una gran lección que es al mismo tiempo un mensaje para todos aquellos que la subestiman.

Victor Ulin
Víctor Ulín


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