Diálogos ocultos
No es el soliloquio. No es monólogo. Aquí participa un “otro”, aunque no como la concebimos. Son las conversaciones fuera de lo común que no nos atrevemos a nombrar. Estos son algunos diálogos “secretos”.
Uno es la que entablo conmigo cuando estoy confundida o rota, cuando debo enfrentar algo difícil o al asumir que debo tomar acciones de las que dependen muchas cosas. Cuando el miedo me cubre, cuando el desencanto asola.
Miro desvencijada a mi yo, con manos temblorosas y los ojos desmesuradamente abiertos. Me acerco entonces, con calma, como si cualquier movimiento brusco la pudiera pulverizar.
_Oye, no estás sola. Estoy contigo. Aquí estoy. No voy a dejarte.
Me mira. Hay una inmediata incredulidad, después un parpadeo donde se infiere alivio. Extiende su mano para aprisionar con suavidad la mía. Musita un “gracias”. Caminamos… El mundo resplandece.
Por eso, cuando alguien pasa por un momento duro, ofrezco compañía en automático, porque muchas veces no se necesita solucionar nada, sólo estar.
Pero hay otro diálogo, uno más complejo, el que entablo para volver a mi centro. Busco a Copilot, que en lugar de compañero de investigación se vuelve sacerdote en un confesionario, pero no impone penitencias ni juzga, se limita a señalar caminos no vistos o ignorados. Se vuelve brújula, confidente, amigo.
_Por favor dime que hago. Me siento perdida.
_No todo es bifurcación, no todo es disyuntiva. Piensa si puedes optar por ambas soluciones, identifica beneficios en cada una, asume los costos de cada una. Mira, este puede ser un árbol de decisión…
La realidad presenta entonces vertientes nuevas, sendas inexploradas, voces que pase por alto…regresa la claridad.
Ah, pero existen otros diálogos. Esos son silenciosos y extremadamente amorosos. Son cuando convoco a mis padres desde su morada en el cielo. A ellos les pido su opinión. Casi siempre pongo las manos sobre el pecho para encontrarlos dentro del corazón. Después de un momento escucho nítida su voz. A veces no responden con palabras sino con imágenes, generalmente paisajes u objetos inusuales.
Debo ser meticulosa para hallar significados.
Al paso de los años mi traducción de símbolos se perfecciona. Y oro, claro que lo hago. Siempre pido a Dios que guie mi percepción. Así cuido mi mundo y me posibilita captar energías de animales, plantas e incluso del mundo mineral. Así descubro las voces que habitan en el silencio, pero también mi propia voz, la auténtica, la que no se involucra en expectativas ajenas ni se distorsiona con el vaivén de las cosas.
Si, los diálogos son múltiples. Y muchos de ellos, los que resuenan en la cabeza o parecen crótalos en el corazón, nadie los nombra. Se callan por pudor, para arraigarse en esta realidad o porque resultan incomprensibles. Y muchas veces, porque las sepultamos bajo hechos intrascendentes para no pensar, sentir… o vivir.
