Tabasco: Trump se interpone en el camino del Comandante H
De Primera Mano
En el paisaje político y de seguridad del país, los fantasmas se levantan con mayor fuerza cuando convergen los intereses mexicanos con asuntos internacionales. Esto le está ocurriendo a Hernán Bermúdez Requena, El Comandante H, ex secretario de Seguridad de Tabasco y presunto líder de la célula criminal La Barredora, brazo del CJNG en el sureste del país.
Cuando parecía que el tema había quedado diluido, reapareció con fuerza justo en el momento en que escaló de tono la presión del gobierno de Donald Trump sobre la administración de Claudia Sheinbaum Pardo por la supuesta complacencia con el narcotráfico. Ese cruce de señales diplomáticas y de seguridad reconfigura no solo el caso jurídico de Bermúdez, sino la narrativa política que lo rodea.
Fue el pasado 9 de enero cuando el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, afirmó, en la conferencia mañanera de Palacio Nacional, que existen nuevas pruebas e incluso un componente internacional en la investigación contra Bermúdez y La Barredora. Esa intervención oficial significó el retorno del caso a la agenda pública después de meses de silencio institucional, a raíz de la renuncia de Alejandro Gertz Manero a la Fiscalía General de la República (FGR), el 27 de noviembre pasado.
Un día antes, en la cuenta @avieu de la red social X se viralizó un mensaje que resumía la percepción de opacidad: “Se cumplen 112 días sin una sola actualización oficial sobre el caso Bermúdez Requena, El Comandante H. Y 1,183 días desde que se revelaron los vínculos de Adán Augusto con La Barredora“. Aunque esta cifra acumulada no tiene respaldo público detallado en expedientes oficiales, refleja la sensación de estancamiento que se instaló mientras la investigación parecía reposar en un cajón.
La controversia no es nueva. Bermúdez, quien ocupó el principal cargo de seguridad en Tabasco durante la gestión del hoy senador Adán Augusto López Hernández, con quien había venía colaborando desde hace más de 30 años, es objeto de una carpeta de investigación iniciada por la Fiscalía General del estado en noviembre de 2024 por presuntos delitos de asociación delictuosa, extorsión y secuestro exprés, que arrojó una orden de aprehensión el 14 de febrero del año pasado.
Tras huir del país, Bermúdez fue localizado y detenido en Paraguay el 12 de septiembre de 2025 en una lujosa residencia en las afueras de Asunción. Cinco días después —el 17— fue expulsado a suelo azteca por las autoridades de ese país y recluido en el penal federal del Altiplano en el Estado de México.
A finales de diciembre, un juez federal ratificó la prisión preventiva y reclasificó como agravados los delitos locales de secuestro y extorsión, mientras mantuvo vigente el de asociación delictuosa, lo que implica que los dos primeros los cometió en el ejercicio de su función pública; además dio tres meses más para el cierre de la investigación complementaria, plazo que se cumple el 24 de marzo próximo.
La narrativa oficial de aparente inacción fue interpretada por muchos sectores como un intento de blindar políticamente a López Hernández, hoy en la cúspide del poder morenista.
En Tabasco, ese fantasma ha alimentado todo tipo de especulaciones: desde la idea de que Bermúdez no será castigado, hasta la percepción de que su situación judicial se ha manejado con prudencia extrema para que no sea condenado y, así, se convierta en el García Luna de la 4T de López Obrador.
Este guion cambió cuando la atención internacional volvió a poner el foco sobre la relación entre el crimen organizado y las estructuras de poder mexicano. El caso Bermúdez dejó de ser solo un expediente judicial y se transformó en un símbolo de tensión entre las prioridades de seguridad interna y las presiones de Estados Unidos.
Hoy el horizonte para El Comandante H se bifurca: seguir enfrentando un proceso penal que puede llevarlo a décadas de prisión o bien convertirse en testigo colaborador de la FGR a cambio de información que comprometa a eslabones más altos de la red que presuntamente encabezó.
Y en ese cruce de caminos —político, judicial y diplomático— es donde se decide no solo su destino, sino el relato que acompañará a un país que sigue negociando con su propia sombra.
